domingo, 1 de mayo de 2011

# Domingo de Ramos


Domingo de Ramos

Domingo de Ramos

San Mateo 26,14-27,66. En la pasión Jesús es proclamado nuestro Rey y se realiza nuestra liberación, por su sufrimiento

Autor: Llucià Pou Sabaté

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    • Yvette Camou
      Un Domingo para batir palmas y celebrar a Jesús, pero también un Domingo para tener muy presente nuestra fragilidad humana y para reconocer nuestra necesidad de compartir nuestras cruces con Él. En el Evangelio de hoy se fusionan el drama humano y el drama divino y peregrinamos con Él a través de la Liturgia de la Palabra. También en la consagración, tenemos la oportunidad de ofrecer nuestra vida y ofrecer todo lo que somos depositándolo en la patena, mientras el sacerdote hace su proclamación. Jesús nos perdona como perdonó a la clase dirigente que lo mandó crucificar, a sus verdugos y al pueblo, que odiaba a los Romanos pero aún así gritaba que no tenía más rey que el Cesar. Jesús murió por todos y su misericordia es para todos.A todos nos quiere en su Reino. Dijo Juan Pablo II: "La cruz, que parece alzarse desde la tierra, en realidad cuelga del cielo, como abrazo divino que estrecha el universo". La cruz no es estrecha, es amplia y es capaz de llevar la redención a todos, sin diferencia de clases sociales, raza o cultura. La cruz es el punto de encuentro entre la voluntad divina y la nuestra. Es la encrucijada en donde debemos marcar y proseguir nuestro camino, ya sea hacia Dios o rechazar su propuesta de salvación. En este camino, nos acompaña María, así como Ella lo acompañó desde su nacimiento hasta la cruz, también nosotros estamos llamados a seguir el ejemplo de María y unirnos en torno a la cruz. Allí lo recogió Ella entre sus amorosos brazos y así también nosotros debemos pedirle que nos recoja en sus brazos cuando ya seamos llamados a la Casa del Padre. Como mujer, uno de los psajes que más me gusta de este Evangelio es la intervención de Claudia Procla, la esposa de Pilato, una santa mujer, cuando le manda decir: "No te metas con ese hombre justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por su causa". Después de haber escuchado lo que le dijeron las criadas a Pedro, me pareció muy digno, hermoso y piadoso el rol de la esposa de Pilato, que supo reconocer al hombre justo y sufrir por Él. Muchas y muchos de nosotros no sabemos reconocerlo ni estamos dispuestos a compartir ninguna de las cruces de nuestras vidas con Él. Tampoco queremos ofrecer nada por los demás. La cultura secular en que vivimos nos ha transformado en 'criadas', dispuestas a señalar injustamente y cada vez menos dispuestas a amar a Jesús y a la Iglesia. ¡Qué doloroso, Señor, es cuando por respeto humano, al igual que Pilato, o por cobardía, mejor renegamos de nuestra fe, es más cómodo ser progresista, no nos gusta que nos llamen fanáticos, ni homofóbicos, ni ignorantes.....Jesús, fortalécenos con tu Espíritu para saber tomar la Cruz, llevarla como el leñador en el hombro, bajarla para cortar esos leños, enmendar nuestras faltas, perdonar a nuestro prójimo y volverla a cargar. La cruz es el árbol de la vida.

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