sábado, 21 de mayo de 2011

Moisés (S. XIII A. C.)

Moisés (S. XIII A. C.)

Entre las afirmaciones de Cristo relativas a este tema, resulta especialmente significativa la expresión: 'YO SOY'. El contexto en el que viene pronunciada indica que Jesús recuerda aquí la respuesta dada por Dios mismo a Moisés, cuando le dirige la pregunta sobre su Nombre: 'Yo soy el que soy... Así responderás a los hijos de Israel: Yo soy me manda a vosotros' (Ex 3, 14). Ahora bien, Cristo se sirve de la misma expresión 'Yo soy' en contextos muy significativos. Aquel del que se ha hablado, concerniente a Abrahán: 'Antes que Abrahán naciese, ERA YO'; pero no sólo ése. Así, por ejemplo: 'Si no creyereis que YO SOY, moriréis en vuestros pecados' (Jn 8,24), y también: 'Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, entonces conoceréis que YO SOY' (Jn 8, 28), y asimismo: 'Desde ahora os lo digo, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis que YO SOY' (Jn 13,19). Este 'Yo soy' se halla también en otros lugares de los Evangelios sinópticos (por ejemplo Mt 28, 20; Lc 24, 39); pero en las afirmaciones que hemos citado el uso del Nombre de Dios, propio del Libro del Éxodo, aparece particularmente límpido y firme. Cristo habla de su 'elevación' pascual mediante la cruz y la sucesiva resurrección: 'Entonces conoceréis que YO SOY'. Lo que quiere decir: entonces se manifestará claramente que yo soy aquel al que compete el Nombre de Dios. Por ello, con dicha expresión Jesús indica que es el verdadero Dios. Y aun antes de su pasión El ruega al Padre así: 'Todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío' (Jn 17,10), que es otra manera de afirmar: 'Yo y el Padre somos una sola cosa' (Jn 10, 30).
La voz "religión" sería impensable sin él.

Ya en el A. T. hay figuras eucarísticas, demuestran la existencia de Moisés (cfr. Io 6, 32 . 49 – 59) : El maná que alimentó a los hebreos en el Éxodo de Egipto, es una de ellas -Jesucristo lo puso en relación con el alimento eucarístico-.

El cordero pascual, que se sacrificaba en la Leymosaica, es el tipo por excelencia de la E. en el A. T. La frase de S. Juan Bautista con que designó a Jesús- he ahí el Cordero de Dios… - (Io 1, 29) debió, sin duda, contribuir a subrayar la imagen del cordero como tipode Jesús (v. CORDERO DE DIOS).

Pues nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del HOMBRE. Como MOISÉS, levantó la serpiente en el desierto, así es preciso que sea levantado el Hijo del Hombre, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna. (cfr. Ioh 3, 14 - 15)

La serpiente de bronce: Partieron del monte Hor, camino del mar rojo, para rodear la tierra de Edom. Más en el camino se impacientó el pueblo y murmuró contra Dios y Moisés (…): Y acudió el pueblo a Moisés, diciendo: Hemos pecado contra Yahvé y contra ti. Ruega a Yahvé que quite de nosotros las serpientes. Y Moisés rogó por el pueblo. Dijo entonces Yahvé a Moisés: Hazte una serpiente, y ponla en un asta; quienquiera que haya sido mordido y la mirare vivirá. Hizo, pues, Moisés una serpiente de bronce, y la puso sobre un asta.

Jesús le dice a Nicodemo: Esta serpiente de bronce, remedio contra las mordeduras de las serpientes, era, figura de la Redención, símbolo del alzamiento de Cristo en la Cruz para salvarnos de la mordedura de la antigua serpiente (cfr. Juan 3, 14 s.)

Así, pues, la narración del Éxodo alcanza su sentido a la luz de Moisés. Su retiro en el desierto a las puertas de Egipto, modula su espíritu, y lo convierte en un ser religioso.
Las diez plagas de Egipto, en los relatos de la tradición, aparecen ordenadas de manera diferente, y no coinciden en su número. Estos elementos literarios exaltan el poder de Dios, creando un clima religioso y épico.
Libertador, jefe y legislador del pueblo de Dios. Era de la tribu de Leví; nació en Egiptp, hijo tercero de Amram y Jocábed.
Al tiempo de su nacimiento se alzó sobre Egipto un nuevo rey,
[Era una nueva dinastía que no se sentía vinculada a la casa de Jacob como los reyes hyksos que eran de raza asiática. Los egipcios abrigaban además el temor de que los israelitas fueran un serio peligro en caso de guerra],
que emitió un decreto de muerte para todo varón judío recién nacido (Ex. 1, 16). Éste rey de Egipto dio orden a las parteras de las hebreas, de las cuales una se llamaba Sifrá, y la otra Puá, diciéndoles:
Cuándo asistáis a las hebreas en sus partos, averiguad el sexo; si es niño, matadlo (…).
Se mencionan sólo dos parteras, no porque fuesen las únicas de un pueblo tan numeroso, sino porque estas dos, temiendo a Dios más que al rey, no ejecutaron la injusta orden.
Las parteras tenían que matar a los niños en el instante del nacimiento, para que sus madres creyesen haberlos dado a luz muertos.
Su madre lo escondió entre los juncos a lo largo del Nilo, donde fue descubierto y adoptado por la hija del rey, quien lo llamó Moisés (Ex, 2).
Creció en la corte, donde se le instruyó en toda la sabiduría de los egipcios (Hech 7, 20-22). Cuando tenía cuarenta años mató a un egipcio en defensa de un compañero israelita; su gente no le reconoció como jefe y entonces se vio forzado a huir. Se fue a Madián donde defendió a las hijas de Jetró. Este hombre obtuvo que Moisés se quedara con él y le dio a su hija Seforá por mujer, de la cual tuvo un hijo, Gersón (Ex. 2, 11-22; Hech. 7, 25-29).
Después de pastorear en la soledad su rebaño durante cuarenta años, Dios se le apareció en una zarza ardiendo y le ordenó que fuese al Faraón a pedirle la libertad de su pueblo.

Antes de concluir el ciclo de consideraciones concernientes a las palabras pronunciadas por Jesucristo en el Sermón de la Montaña es necesario recordar, una vez más, estas palabras y volver a tomar sumariamente el hilo de las ideas, del cual constituyen la base. Así, dice Jesús: 'Habéis oído que fue dicho: No adulterarás. Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón' (Mt 5, 2728). Se trata de palabras sintéticas que exigen una reflexión profunda, análogamente a las palabras con que Cristo se refirió al 'principio'. A los fariseos, los cuales apelando a la ley de Moisés, que admitía el llamado Libelo de repudio le habían preguntado: '¿Es lícito repudiar a la mujer por cualquier causa?', El respondió: '¿No habéis leído que al principio el Creador los hizo varón y mujer?. Por esto dejará el hombre al padre y a la madre y se unirá a la mujer, y serán los dos una sola carne. Por tanto, lo que Dios unió no lo separe el hombre' (Mt 19, 36).

DIOS LLAMA A MOISES (Ex.3)
Moisés era un hombre perteneciente al pueblo de Israel. Dios lo salvó de las aguas del río, y cuando era ya grande, le ordenó que hablara con el Faraón de Egipto para que dejara libre al pueblo de Israel.
El Faraón y el pueblo recibió diversos castigos. Ex. 5
El último castigo fue la muerte de todos los primogénitos de los egipcios, desde el hijo del faraón hasta el más humilde habitante.
Se salvaron sólo los hijos del pueblo de Israel, sus casas estaban señaladas con la sangre del cordero, según lo había mandado Yahvé. Ex 12, 3-14.
5.-DIOS LIBERA A SU PUEBLO.-
El faraón dejó libre al Pueblo de Dios.
Moisés lo guió hacia la tierra de Sinaí:
"YAVE IVA DELANTE DE ELLOS SEÑALÁNDOLES EL CAMINO DE DIA IBA EN UNA NUBE, DE NOCHE EN UNA COLUMNA DE FUEGO". Ex.13,21.
Dios abrió las aguas del mar rojo para que pasaran los Hijos de Israel;
6.-DIOS HACE UN COMPROMISO CON SU PUEBLO. Ex 19,20.
En el Monte Sinaí, Dios hace un compromiso o Alianza con su pueblo.
Dios se compromete a ser como un padre para su pueblo, el pueblo se compromete a ser como un hijo para Dios: lo respetará y obedecerá sus Mandamientos. Ex 20,1-17.
Esto sucedió alrededor del año 1250 A.C.
Después de unos cuarenta años de vivir en el desierto, el Pueblo de Israel conquistó la tierra de Canaán, que fue repartida entre las tribus de Israel.

ALIANZA CON MOISES.
Sellada con Moisés en el Sinaí. Es la que más se parece a los tratados de vasallaje que eran las alianzas de los antiguos reyes de Oriente. Quebrantada muchas veces por los pecados de Israel, esta alianza fue renovada en diversas ocasiones por los jefes de este pueblo. (2 Re. 11,17; 23, 3; 2Cro 15, 12; 23, 16; 29, 10; Neh 8-9).
1. Con Moisés las tribus que descienden de Abraham viven por vez primera una epopeya común: la larga marcha a través del desierto de Sinaí.
Nos quedarán de esto narraciones, en las que se dan los rasgos comunes a todas las civilizaciones nómadas. Pero en el Génesis es difícil encontrar en estado puro tradiciones que se remonten a esta época: reelaboradas más tarde, forman el fondo de relatos escritos más recientemente. Sin embargo, la gran figura de Moisés domina toda esta historia del nacimiento de un pueblo, y en la memoria de los hombres quedará Moisés como el autor principal de los primeros libros de la Biblia.

ahvé se fijó en vosotros y os eligió, no por ser el pueblo más numeroso entre todos los pueblos, ya que sois el más pequeño de todos. Porque Yahvé os amó y porque ha querido cumplir el juramento hecho a vuestros padres, y os ha sacado de la tierra de Egipto con mano poderosa y os ha librado de la casa de la esclavitud, de la mano del Faraón, rey de Egipto" (Dt. 7, 6-8).
Durante el viaje de retorno de Egipto Dios firmó un pacto de alianza con este pueblo. "Escribió, pues, Moisés todas las palabras de Yahvé, y levantándose de mañana erigió un altar al pie de la montaña y doce cipos por las doce tribus de Israel. Luego mandó a algunos jóvenes de los hijos de Israel a ofrecer holocaustos e inmolar novillos como sacrificios pacíficos en honor de Yahvé. Después tomó Moisés la mitad de la sangre y la puso en vasijas, y la otra mitad la derramó sobre el altar. Tomó luego el libro de la Alianza y lo leyó en presencia del pueblo, el cual dijo: Cumpliremos todo lo que ha dicho Yahvé y obedeceremos. Entonces Moisés tomó la sangre y la derramó sobre el pueblo diciendo: Esta es la sangre de la Alianza que Yahvé ha hecho con vosotros, mediante todas estas palabras" (

Dios, que se manifiesta en una llama, como la contempló Moisés en el Sinaí, es una llama que arde eternamente y que no se consume. Dios es una llama de amor, siempre ardiente, siempre dispuesta para que nosotros experimentemos su amor y su misericordia, por eso, de esa llama ardiente, que nos narra el libro del éxodo, sale una voz que le dice a Moisés: "Yo soy el Dios de tus padres, he visto el pesado yugo que pesa sobre mi pueblo y he decidido liberar a mi pueblo", esa llama de amor y de misericordia, que es Dios, se manifiesta atento y sensible a los sufrimientos de su pueblo, y esto es un mensaje muy alentador y consolador.

Las enseñanzas de Jesús.

2. Jesucristo se refirió dos veces al "principio" durante la conversación con los fariseos, que le presentaban la cuestión sobre la indisolubilidad del matrimonio. La conversación se desarrolló del modo siguiente:"... Se le acercaron unos fariseos con propósito de tentarle y le preguntaron:' ¿Es lícito repudiar a la mujer por cualquier causa?' El respondió: '¿No habéis leído que al principio el Creador los hizo varón y hembra?' Y dijo: 'Por eso dejará el hombre al padre y a la madre y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios unió no lo separe el hombre'. Ellos le replicaron: 'Entonces, ¿cómo es que Moisés ordenó dar libelo de divorcio al repudiar?' Díjoles El: 'Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres, pero al principio no fue así'"(Mt. 19, 3 ss; cf. Mc 10, 2 ss).Cristo no acepta la discusión al nivel en que sus interlocutores tratan de introducirla; en cierto sentido, no aprueba la dimensión que ellos han intentado dar al problema. Evita enzarzarse en las controversias jurídico casuísticas; y, en cambio, se remite dos veces al principio. Procediendo así, hace clara referencia a las palabras correspondientes del libro del Génesis, que también sus interlocutores sabían de memoria. De esas palabras abras de la revelación más antigua, Cristo saca la conclusión y se cierra la conversación.

Lo que nos dice el libro del Génesis

3. "Principio" significa, pues, aquello de que habla el libro del Génesis. Por tanto, Cristo cita al Génesis 1,27 en forma resumida: "Al principio, el Creador los hizo varón y hembra", mientras que el pasaje original completo dice así textualmente: "Creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, y los creó varón y hembra". A continuación, el Maestro se remite al Génesis 2,24: "Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y vendrán a ser los dos una sola carne". Citando estas palabras casi in extenso, por completo, Cristo les da un significado normativo todavía más explícito (dado que podría ser hipotético que en el libro del Génesis sonaran como afirmaciones de hecho "dejará... se unirá... vendrán a ser una sola carne"). El significado normativo es admisible, en cuanto que Cristo no se limita sólo a la cita misma, sino que añade: "De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios unió no lo separe el hombre". Ese "no lo separe" es determinante. A la luz de esta palabra de Cristo, el Génesis 2,24 enuncia el principio de la unidad e indisolubilidad del matrimonio como el contenido mismo de la Palabra de Dios, expresada en la revelación más antigua. La ley eterna, instituida por Dios

4. Al llegar a este punto, se podría sostener que el problema está concluido, que las palabras de Jesús. confirman la ley eterna formulada e instituida por Dios desde el "principio", como la creación del hombre. Incluso podría parecer que el Maestro, al confirmar esta ley primordial del Creador, no hace más que establecer exclusivamente su propio sentido normativo, remitiéndose a la autoridad misma del primer Legislador. Sin embargo, esa expresión significativa: "desde el principio", repetida dos veces, induce claramente a los interlocutores a reflexionar sobre el modo en que Dios ha plasmado al hombre en el misterio de la creación, como "varón y hembra", para entender correctamente el sentido normativo de las palabras del Génesis.

Dios, al establecer su alianza con el pueblo judío, le había impuesto esta ley como signo de sus buenos deseos y como testimonio de su fidelidad. Y he aquí que Jesús, independientemente de la le y sin justificar el origen de su actitud, desplaza el centro de gravedad de la vida judía. La ley ya no es ese centro. Inmediatamente pierde valor, también la institución organizada para su defensa y su permanencia. El camino de Dios es distinto del que ellos han trazado, y las maldiciones que profiere contra ellos son el mejor testimonio de la profundidad de es tá ruptura (Lc. 11, 39-53).
Al relativizar la ley. Jesús desplaza también el centro de gravedad de la religión: su predicación encierra en germen todo lo que más tarde sacará a flote la comunidad primitiva, la llamada de Dios que se dirige al hombre, a todos los hombres. Jesús alaba la fe del centurión y la de la cananea. Ese desplazamiento va unido a la transformación de la ley o del culto. Dios puede sacar de las piedras del camino hijos de Abraham; son muchas las parábolas que insisten en la entrada masiva de los paganos en el reino y en la exclusión de los hijos de Israel. Sería una equivocación no ver en estas formulaciones más que simples amenazas o profecías. En el estilo paradójico de la lengua aramea. Jesús indica que la alianza no debe considerarse como un privilegio nacional: no es ni en Jerusalén ni en el monte Garizín de Samaría donde Dios quiere ser honrado, sino en el espíritu y en la verdad. Y en ese caso la institución vuelve a recibir un nuevo golpe: la libertad que Jesús demuestra ante la ley y el culto indica que él no predica solamente una conversión aceptable dentro de los límites del judaísmo, sino que introduce un principio que va a modificar la forma con que el judaísmo había organizado las relaciones con Dios.
Entonces, o Jesús es un enviado de Dios y ¿cómo podría estar Dios en contradicción con la ley de Moisés?, o es un blasfemo, ya que prescindiendo de la autoridad de Moisés y de la alianza vuelve a trazar otro camino que lleve hasta Dios. De este modo, la autoridad y la libertad de Jesús, tal como aparecen en una enseñanza que reinterpreta la alianza y la institución que hasta entonces la había organizado, conducen a una pregunta radical sobre el sentido de su acción: ¿es un hombre de Dios o un blasfemo? No son razones mezquinas las que han impulsado a los jefes a oponerse a Jesús, se han dado cuenta de que en su actitud estaba en juego la suerte misma del judaísmo, tai como ellos lo concebían.
A este conflicto con los jefes se añade otro conflicto con el pueblo. En realidad, si hacemos caso a Lucas, el pueblo era favorable a Jesús. No obstante, las exigencias populares tan cercanas a las de muchos de los jefes religiosos, obligaron a Jesús a que los dejara decepcionados. El anuncio de la inminencia del Reino de Dios por aquel hombre que gozaba de una autoridad sin igual despertó en el pueblo ansias de liberación. Jesús era aquel hijo de David que los llevaría a la victoria sobre el usurpador romano y que establecería de nuevo a Israel en su esplendor: la tentación de Jesús fue aquella voluntad de liberación política del pueblo, condición y símbolo de la venida del Reino de Dios. Surge entonces el malentendido; Jesús no entra por aquellas ideas. Jesús no se pone al frente de la resistencia armada; no realiza ningún prodigio para hacerse con el poder político; Jesús les ha decepcionado.
Aquella repulsa de las representaciones políticas de Israel causó mal efecto sobre los responsables (jamás había sido condenado nadie por haber querido liberar a Israel); así quedaba subrayada la extrañeza de aquellas pretensiones de Jesús por volver a definir la religión. Aquella repulsa del mesianismo lo separaba de la comunidad de Israel, puesto que no compartía sus esperanzas.
Sin embargo, había que encontrar una ocasión o un motivo para condonarlo. Parece ser que se lo proporcionó el episodio de los mercaderes echados del templo (Lc. 19, 45-48). Jesús no cedía a la presión popular que veía en él al Mesías

Dios revela su nombre

203 A su pueblo Israel Dios se reveló dándole a conocer su Nombre. El
nombre expresa la esencia, la identidad de la persona y el sentido de su vida.
Dios tiene un nombre. No es una fuerza anónima. Comunicar su nombre es darse a
conocer a los otros. Es, en cierta manera, comunicarse a sí mismo haciéndose
accesible, capaz de ser más íntimamente conocido y de ser invocado
personalmente.

204 Dios se reveló progresivamente y bajo diversos nombres a su pueblo,
pero la revelación del Nombre Divino, hecha a Moisés en la teofanía de la
zarza ardiente, en el umbral del Exodo y de la Alianza del Sinaí, demostró ser
la revelación fundamental tanto para la Antigua como para la Nueva Alianza.

El Dios vivo

205 Dios llama a Moisés desde una zarza que arde sin consumirse. Dios
dice a Moisés: "Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios
de Isaac y el Dios de Jacob" (Ex 3,6). Dios es el Dios de los padres. El
que había llamado y guiado a los patriarcas en sus peregrinaciones. Es el Dios
fiel y compasivo que se acuerda de ellos y de sus promesas; viene para librar a
sus descendientes de la esclavitud. Es el Dios que más allá del espacio y del
tiempo lo puede y lo quiere, y que pondrá en obra toda su Omnipotencia para
este designio.

"Yo soy el que soy"

Moisés dijo a Dios: Si voy a los hijos de Israel y les digo: `El Dios de
vuestros padres me ha enviado a vosotros'; cuando me pregunten: `¿Cuál es su
nombre?', ¿qué les responderé?" Dijo Dios a Moisés: "Yo soy el que
soy". Y añadió: "Así dirás a los hijos de Israel: `Yo soy' me ha
enviado a vosotros"...Este es ni nombre para siempre, por él seré
invocado de generación en generación" (Ex 3,13-15).

206 Al revelar su nombre misterioso de YHWH, "Yo soy el que es"
o "Yo soy el que soy" o también "Yo soy el que Yo soy",
Dios dice quién es y con qué nombre se le debe llamar. Este Nombre Divino es
misterioso como Dios es Misterio. Es a la vez un Nombre revelado y como la
resistencia a tomar un nombre propio, y por esto mismo expresa mejor a Dios como
lo que él es, infinitamente por encima de todo lo que podemos comprender o
decir: es el "Dios escondido" (Is 45,15), su nombre es inefable (cf.
Jc 13,18), y es el Dios que se acerca a los hombres.

207 Al revelar su nombre, Dios revela, al mismo tiempo, su fidelidad que
es de siempre y para siempre, valedera para el pasado ("Yo soy el Dios de
tus padres", Ex 3,6) como para el porvenir ("Yo estaré contigo",
Ex 3,12). Dios que revela su nombre como "Yo soy" se revela como el
Dios que está siempre allí, presente junto a su pueblo para salvarlo.

208 Ante la presencia atrayente y misteriosa de Dios, el hombre descubre
su pequeñez. Ante la zarza ardiente, Moisés se quita las sandalias y se cubre
el rostro (cf. Ex 3,5-6) delante de la Santidad Divina. Ante la gloria del Dios
tres veces santo, Isaías exclama: "¡ Ay de mí, que estoy perdido, pues
soy un hombre de labios impuros!" (Is 6,5). Ante los signos divinos que
Jesús realiza, Pedro exclama: "Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre
pecador" (Lc 5,8). Pero porque Dios es santo, puede perdonar al hombre que
se descubre pecador delante de él: "No ejecutaré el ardor de mi
cólera...porque soy Dios, no hombre; en medio de ti yo el Santo" (Os
11,9). El apóstol Juan dirá igualmente: "Tranquilizaremos nuestra
conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es
mayor que nuestra conciencia y conoce todo" (1 Jn 3,19-20).

209 Por respeto a su santidad el pueblo de Israel no pronuncia el Nombre
de Dios. En la lectura de la Sagrada Escritura, el Nombre revelado es sustituido
por el título divino "Señor" ("Adonai", en griego
"Kyrios"). Con este título será aclamada la divinidad de Jesús:
"Jesús es Señor".

"Dios misericordioso y clemente"

210 Tras el pecado de Israel, que se apartó de Dios para adorar al
becerro de oro (cf. Ex 32), Dios escucha la intercesión de Moisés y acepta
marchar en medio de un pueblo infiel, manifestando así su amor (cf. Ex
33,12-17). A Moisés, que pide ver su gloria, Dios le responde: "Yo haré
pasar ante tu vista toda mi bondad (belleza) y pronunciaré delante de ti el
nombre de YHWH" (Ex 33,18-19). Y el Señor pasa delante de Moisés, y
proclama: "YHWH, YHWH, Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera y
rico en amor y fidelidad" (Ex 34,5-6). Moisés confiesa entonces que el
Señor es un Dios que perdona (cf. Ex 34,9).

211 El Nombre Divino "Yo soy" o "El es" expresa la
fidelidad de Dios que, a pesar de la infidelidad del pecado de los hombres y del
castigo que merece, "mantiene su amor por mil generaciones" (Ex 34,7).
Dios revela que es "rico en misericordia" (Ef 2,4) llegando hasta dar
su propio Hijo. Jesús, dando su vida para librarnos del pecado, revelará que
él mismo lleva el Nombre divino: "Cuando hayáis levantado al Hijo del
hombre, entonces sabréis que Yo soy" (Jn 8,28)

Solo Dios ES

212 En el transcurso de los siglos, la fe de Israel pudo desarrollar y
profundizar las riquezas contenidas en la revelación del Nombre divino. Dios es
único; fuera de él no hay dioses (cf. Is 44,6). Dios transciende el mundo y la
historia. El es quien ha hecho el cielo y la tierra: "Ellos perecen, mas
tú quedas, todos ellos como la ropa se desgastan...pero tú siempre el mismo,
no tienen fin tus años" (Sal 102,27-28). En él "no hay cambios ni
sombras de rotaciones" (St 1,17). El es "El que es", desde
siempre y para siempre y por eso permanece siempre fiel a sí mismo y a sus
promesas.

213 Por tanto, la revelación del Nombre inefable "Yo soy el que
soy" contiene la verdad que sólo Dios ES. En este mismo sentido, ya la
traducción de los Setenta y, siguiéndola, la Tradición de la Iglesia han
entendido el Nombre divino: Dios es la plenitud del Ser y de toda perfección,
sin origen y sin fin. Mientras todas las criaturas han recibido de él todo su
ser y su poseer. El solo es su ser mismo y es por sí mismo todo lo que es.

III Dios, "el que es", es verdad y amor

214 Dios, "El que es", se reveló a Israel
como el que es "rico en amor y fidelidad" (Ex 34,6). Estos dos
términos expresan de forma condensada las riquezas del Nombre divino. En
todas sus obras, Dios muestra su benevolencia, su bondad, su gracia, su amor;
pero también su fiabilidad, su constancia, su fidelidad, su verdad. "Doy
gracias a tu nombre por tu amor y tu verdad" (Sal 138,2; cf. Sal 85,11).
El es la Verdad, porque "Dios es Luz, en él no hay tiniebla alguna"
(1 Jn 1,5); él es "Amor", como lo enseña el apóstol Juan (1 Jn
4,8).

LOS ENEMIGOS DE JESÚS
Según los documentos de que disponemos, los motivos del conflicto podrían resumirse en cuatro capítulos: la crítica de la autoridad de la ley, el desplazamiento del centro de gravedad de la religión, la decepción provocada por la negativa ante las representaciones mesiánicas, la intrusión en la organización social.
El motivo más aparente, ya que ofrece el material más abundante a los debates y a los teólogos profesionales de Israel, es la relativización de la ley.
La libertad con que Jesús propuso su enseñanza y realizó su propia existencia provocó un cambio en su relación con la institución encargada de ve lar por la observancia de la ley y construida por otra parte por esa misma ley. La autoridad de la ley era indiscutible, aunque no todos la respetaban de la misma manera. La ley provenía de Moisés, o al menos la autoridad de Moisés garantizaba su validez. Se la podía comentar, concretar, adaptar a una situación inédita, pero su estructura era intangible: hacía visible la voluntad de Dios y proponía el único camino que llevaba hasta él. Dios, al establecer su alianza con el pueblo judío, le había impuesto esta ley como signo de sus buenos deseos y como testimonio de su fidelidad. Y he aquí que Jesús, independientemente de la le y sin justificar el origen de su actitud, desplaza el centro de gravedad de la vida judía. La ley ya no es ese centro. Inmediatamente pierde valor, también la institución organizada para su defensa y su permanencia. El camino de Dios es distinto del que ellos han trazado, y las maldiciones que profiere contra ellos son el mejor testimonio de la profundidad de es tá ruptura (Lc. 11, 39-53).
Al relativizar la ley. Jesús desplaza también el centro de gravedad de la religión: su predicación encierra en germen todo lo que más tarde sacará a flote la comunidad primitiva, la llamada de Dios que se dirige al hombre, a todos los hombres. Jesús alaba la fe del centurión y la de la cananea. Ese desplazamiento va unido a la transformación de la ley o del culto. Dios puede sacar de las piedras del camino hijos de Abraham; son muchas las parábolas que insisten en la entrada masiva de los paganos en el reino y en la exclusión de los hijos de Israel. Sería una equivocación no ver en estas formulaciones más que simples amenazas o profecías. En el estilo paradójico de la lengua aramea. Jesús indica que la alianza no debe considerarse como un privilegio nacional: no es ni en Jerusalén ni en el monte Garizín de Samaría donde Dios quiere ser honrado, sino en el espíritu y en la verdad. Y en ese caso la institución vuelve a recibir un nuevo golpe: la libertad que Jesús demuestra ante la ley y el culto indica que él no predica solamente una conversión aceptable dentro de los límites del judaísmo, sino que introduce un principio que va a modificar la forma con que el judaísmo había organizado las relaciones con Dios.
Entonces, o Jesús es un enviado de Dios y ¿cómo podría estar Dios en contradicción con la ley de Moisés?, o es un blasfemo, ya que prescindiendo de la autoridad de Moisés y de la alianza vuelve a trazar otro camino que lleve hasta Dios. De este modo, la autoridad y la libertad de Jesús, tal como aparecen en una enseñanza que reinterpreta la alianza y la institución que hasta entonces la había organizado, conducen a una pregunta radical sobre el sentido de su acción: ¿es un hombre de Dios o un blasfemo? No son razones mezquinas las que han impulsado a los jefes a oponerse a Jesús, se han dado cuenta de que en su actitud estaba en juego la suerte misma del judaísmo, tai como ellos lo concebían.
A este conflicto con los jefes se añade otro conflicto con el pueblo. En realidad, si hacemos caso a Lucas, el pueblo era favorable a Jesús. No obstante, las exigencias populares tan cercanas a las de muchos de los jefes religiosos, obligaron a Jesús a que los dejara decepcionados. El anuncio de la inminencia del Reino de Dios por aquel hombre que gozaba de una autoridad sin igual despertó en el pueblo ansias de liberación. Jesús era aquel hijo de David que los llevaría a la victoria sobre el usurpador romano y que establecería de nuevo a Israel en su esplendor: la tentación de Jesús fue aquella voluntad de liberación política del pueblo, condición y símbolo de la venida del Reino de Dios. Surge entonces el malentendido; Jesús no entra por aquellas ideas. Jesús no se pone al frente de la resistencia armada; no realiza ningún prodigio para hacerse con el poder político; Jesús les ha decepcionado.
Aquella repulsa de las representaciones políticas de Israel causó mal efecto sobre los responsables (jamás había sido condenado nadie por haber querido liberar a Israel); así quedaba subrayada la extrañeza de aquellas pretensiones de Jesús por volver a definir la religión. Aquella repulsa del mesianismo lo separaba de la comunidad de Israel, puesto que no compartía sus esperanzas.
Sin embargo, había que encontrar una ocasión o un motivo para condonarlo. Parece ser que se lo proporcionó el episodio de los mercaderes echados del templo (Lc. 19, 45-48). Jesús no cedía a la presión popular que veía en él al Mesías. No es imposible, sin embargo, que la expulsión de los mercaderes del templo hubiera sido juzgada por los más activos entre los resistentes, los celotes, como un acto que sirviera de preludio a una llamada a la sublevación. Los celotes eran no solamente nacionalistas fanáticos, sino puritanos religiosos; seguramente consideraban escandaloso el tráfico comercial que tenía lugar en el templo. Esta posible coalición entre los celotes y Jesús asusto a los jefes. Por eso se decidieron a apresurar las cosas. Por lo demás, aquella condenación que Jesús había hecho de los intereses económicos no contribuyó a mejorar la opinión que los jefes tenían de él. Las cosas se iban poniendo demasiado feas: pasar por encima de la ley, correr el peligro de suscitar una sublevación popular no preparada y por consiguiente destinada al fracaso, y poner en peligro una fuente de ingresos seguros sin señalar con qué sustituirla. Jesús era un soñador peligroso, capaz de llevar al pueblo a los mayores excesos. Así, pues, una noche lo apresaron, le hicieron un proceso rápido, y así evitaron un movimiento de masas en su favor. Por otra parte, como él no hizo nada por oponerse a sus enemigos, se derrumbó la confianza que muchos tenían en su vocación de libertador político, a las órdenes de Dios. Así es como se abrió el proceso.


Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 15, 1-6

En aquellos días, unos que bajaron de Judea se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban conforme a la tradición de Moisés, no podían salvarse. Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé; y se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre la controversia. La Iglesia los proveyó para el viaje; atravesaron Fenicia y Samaria, contando a los hermanos cómo se convertían los gentiles y alegrándolos mucho con la noticia. Al llegar a Jerusalén, la Iglesia, los apóstoles y los presbíteros los recibieron muy bien; ellos contaron lo que Dios había hecho con ellos.

Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían abrazado la fe, intervinieron, diciendo:

- «Hay que circuncidarlos y exigirles que guarden la ley de Moisés.»

Los apóstoles y los presbíteros se reunieron a examinar el asunto.

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