miércoles, 3 de agosto de 2011

SAN JUAN BAUTISTA M.ª VIANNEY












4 de agosto

SAN JUAN BAUTISTA M.ª VIANNEY

Memoria

Sacerdotes santos, Dignidad incomparable. Amor al sacerdocio.

Necesidad del sacerdote. Oración y mortificación por los sacerdotes.

El sacerdote, en nombre del Señor, acompaña la vida del hombre, Aprecio por quienes tanto nos han dado. Confiar mucho en la oración del sacerdote.

San Juan M.ª Vianney nació cerca de Lyon el 8 de mayo de 1786. Tuvo que superar muchas dificultades hasta llegar a ordenarse sacerdote. Se le confió la parroquia de Ars, donde estuvo cerca de 42 años. Sobresalió por su labor de almas, espíritu de oración y de mortificación, y sobre todo por su infatigable dedicación a la administración del sacramento de la Penitencia. Murió en el año 1859. Fue canonizado y declarado Patrono del c

lero universal por Pío XI en 1929.

04/08/2011 - Jueves de la 18ª semana de Tiempo Ordinario. San Juan María Vianney

1ª lectura: Brotó agua abundantemente

Lectura del libro de los Números 20, 1-13

En aquellos días, la comunidad entera de los israelitas llegó al desierto de Sin el mes primero, y

el pueblo se instaló en Cadés. Allí murió María y allí la enterraron.

Faltó agua al pueblo, y se

amotinaron contra Moisés y Aarón. El pueblo riñó con Moisés, diciendo:

-«¡Ojalá hubiéramos muerto como nuestros hermanos, delante del Señor! ¿Por qué has traído a la

comunidad del Señor a este desierto, para que muramos en él, nosotros y nuestras bestias? ¿Por qué

nos has sacado de Egipto para traernos a este sitio horrible, que no tiene grano ni higueras ni viñas

ni granados ni agua para beber?

»

Moisés y Aarón se apartaron de la comunidad y se dirigieron a la tienda del encuentro, y, delante

de ella, se echaron rostro en tierra. La gloria del Señor se les apareció, y el Señor dijo a Moisés:

-«Coge el bastón, reúne la asamblea, tú con tu hermano Aarón, y, en presencia de ellos, ordenad

a la roca que dé agua. Sacarás agua de la roca para darles de beber a ellos y a sus bestias.»

Moisés retiró la vara de la presencia del Señor, como se lo mandaba; ayudado de Aarón, reunió

la asamblea delante de la roca, y les dijo:

-«Escuchad, rebeldes: ¿Cre

éis que podemos sacaros agua de esta roca? »

Moisés alzó la mano y golpeó la roca con el bastón dos veces, y brotó agua tan abundantemente

que bebió toda la gente y las bestias.

El Señor dijo a Moisés y a Aarón:

-«Por no haberme creído, por no haber reconocido mi santidad en presencia de los israelitas, no

haréis entrar a esta comunidad en la tierra que les voy a dar. »

(Ésta es fuente de Meribá, donde los israelitas disputaron con el Señor, y él les mostró su santidad.)

Salmo: Sal 94, 1-2. 6-7. 8-9

R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.»

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia

dándole gracias, aclamándolo con cantos. R.

Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo, el rebaño que él gula. R.

Ojalá escuchéis hoy su voz: «No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masá

en el desierto; cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis mi

s obras

Evangelio: Tú eres Pedro y te daré las llaves del Reino de los cielos

Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 13-23

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus

discípulos:

-«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»

Ellos contestaron:

-«Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremias o uno de los profetas.»

El les preguntó:

-«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

Simón Pedro tomó la palabra y dijo:

-«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»

Jesús le respondió:

-« ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino

mi Padre que está en el cielo.

Ahora te digo yo:

Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.

Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que

desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.»

Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

Desde entonces empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenla que ir a Jerusalén y padecer allí

mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tema que ser ejecutado y resucitar

al tercer día.

Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:

-«¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.»

Jesús se volvió y dijo a Pedro:

-«Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.>>

Comentarios:

1) Hoy nos es propuesto el célebre episodio de las aguas de Meribá: el término «Meribá» quiere decir «contestación».

La contestación se erige HOY en verdadero ídolo, como si fuese el único medio de progresar: se critica, se contesta, se polemiza... Estamos en la era de la sospecha generalizada... ningún valor, ningún principio, ninguna institución escapa de ella.

Es verdad que tanto en el mundo como en la Iglesia, una cierta contestación es signo de vitalidad y fuente de progreso. Sin embargo es indispensable hacer un «discernimiento de espíritus»: «examinadlo todo y quedaos con lo bueno. » (1 Ts 5, 20)... «por sus frutos los conoceréis». (Mateo 12, 33).

-Todo el pueblo se estableció en Cadés. No había agua... Entonces se amotinaron contra Moisés y Aarón: "¡Ojalá hubiésemos perecido! ¿Por qué habéis conducido la asamblea del Señor a este desierto para que muramos en él nosotros y nuestros ganados? ¿Por qué nos habéis subido de Egipto para traernos a este lugar siniestro? ¡Un lugar donde no hay sembrado, ni higueras, ni viñas, ni granados, ni siquiera agua para beber!»

Dios oirá una vez más esta oración, incluso si toma el aire de una contestación del Responsable que ha dado Dios a su pueblo.

Todavía HOY, muchas cosas son contestadas en la Iglesia: su poder temporal, su confabulación con los ricos y los poderosos, su enseñanza moralizada, su suficiencia. Y se critica al Papa y a los obispos.

Es una llamada a la conversión auténtica.

Ayuda, Señor, a tu Iglesia a escuchar las llamadas, a discernirlas, a retener la parte de verdad que contienen.

Ayuda, Señor, a los cristianos a ser menos injustos con su Iglesia y haz de cada uno de ellos un artífice activo de su renovación .

-Dejando la asamblea, Moisés y Aaron se fueron a la entrada de la Tienda de la reunión y cayeron rostro en tierra.

Es su reflejo constante: la oración, la imploración por el pueblo que les ha sido confiado.

Me imagino a esos dos responsables prosternados rostro en tierra.

-El Señor dijo a Moisés: «Harás brotar para ellos agua de la peña y darás de beber a la comunidad y a sus ganados.»

A fin de cuentas es Dios quien había sido contestado, cuestionado. Es pues El quien responde. Y constatamos que responde muy favorablemente a la reivindicación.

El tema del «agua viva» será constantemente tratado en la Biblia para evocar la presencia de Dios a su pueblo; -las piedras se cambian en fuente (Is 4, 18) -del Templo fluían ríos (Ez 46). Y el mismo Jesús se presentará como agua viva (Juan 1, 33; 7, 37).

El bautismo está en la misma línea: respuesta de Dios a la sed humana.

-Moisés alzó la mano y golpeó dos veces la peña con su vara.

El Señor dijo: «Por no haber confiado en Mí, no seréis vosotros los que guiaréis a esta asamblea hasta el país que les doy.

Esta es también una explicación que se dio de la muerte de Moisés ocurrida antes de haber podido ver el fin de su gran proyecto: tuvo poca fe al golpear por dos veces la peña, en lugar de dar un solo golpe con su vara.

-Estas son las «Aguas de Meribá», donde protestaron los hijos de Israel contra el Señor y con las que El manifestó su santidad.

No cerremos HOY nuestro corazón, escuchemos la voz del Señor. Toda verdadera contestación se termina finalmente, por una llamada a la conversión. Si hay que "cambiar" algo, hay que empezar por cambiarse a sí mismo.(NOEL QUESSON)


El salmo nos sitúa en la dirección justa cuando apunta a un corazón renovado, humilde y alegre a la vez, un corazón vuelto a Dios: «Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme... devuélveme la alegría de tu salvación...».


2. Mateo 16,13-23

a) La página de Mateo es doble: contiene una alabanza de Jesús a Pedro, constituyéndolo como autoridad en su Iglesia y, a la vez, una reprimenda muy dura al mismo Pedro, porque no entiende las cosas de Dios.

Ante todo, la alabanza. Jesús pregunta (hace una encuesta) sobre lo que dicen de él: unos, que un profeta, o que el mismo Bautista. Y, ante la pregunta directa de Jesús («y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»), Pedro toma la palabra y formula una magnífica profesión de fe: «tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

Jesús le alaba porque ha sabido captar la voz de Dios y, con tres imágenes, le constituye como autoridad en la Iglesia, lo que luego se llamará «el primado»: la imagen de la piedra (Pedro = piedra = roca fundacional de la Iglesia), la de las llaves (potestad de abrir y cerrar en la comunidad) y la de «atar y desatar».

Pero, a renglón seguido, Mateo nos cuenta otras palabras de Jesús, esta vez muy duras. Al anunciar Jesús su muerte y resurrección, Pedro, de nuevo primario y decidido, cree hacerle un favor: «no lo permita Dios, eso no puede pasarte»; y tiene que oír algo que no olvidará en toda su vida: «quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar: tú piensas como los hombres, no como Dios». Antes le alaba porque habla según Dios. Ahora le riñe porque habla como los hombres. Antes le ha llamado «roca y piedra» de construcción.

Ahora, «piedra de escándalo» para el mismo Jesús.

b) En nosotros pueden coexistir una fe muy sentida, un amor indudable hacia Cristo y, a la vez, la debilidad y la superficialidad en el modo de entenderle.

No se podía dudar del amor que Pedro tenía a Jesús, ni dejar de admirar la prontitud y decisión con que proclama su fe en él. Pero esa fe no es madura: no ha captado que el mesianismo que él espera (fruto de la formación religiosa recibida) no coincide con el mesianismo que anuncia Jesús, que incluye su muerte en la cruz.

Todos tendemos a hacer una selección en nuestro seguimiento de Cristo. Le confesamos como Mesías e Hijo de Dios. Pero ya nos cuesta más entender que se trata de un Mesías «crucificado», que acepta la renuncia y la muerte porque está seriamente comprometido en la liberación de la humanidad. No nos agrada tanto que sus seguidores debamos recorrer el mismo camino. Como a Pedro, nos gusta el monte Tabor, el de la transfiguración, pero no, el monte Calvario, el de la cruz. A Jesús le tenemos que aceptar entero, sin «censurar» las páginas del evangelio según vayan o no de acuerdo con nuestra formación, con nuestra sensibilidad o con nuestros gustos.

Más tarde, ayudado en su maduración espiritual por Cristo, por el Espíritu y por las lecciones de la vida, Pedro aceptará valientemente la cruz: cuando se tenga que presentar ante las autoridades que le prohíben hablar de Jesús, cuando sufra cárceles y azotes, y, sobre todo, cuando tenga que padecer martirio en Roma. Valió la pena la corrección que Jesús le dedicó.

«Moisés y Aarón fueron a la tienda del encuentro y se echaron rostro en tierra» (1ª lectura I)

«Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme» (salmo II)

«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios» (evangelio)

«Tú piensas como los hombres, no como Dios» (J. ALDAZABAL)




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