viernes, 29 de abril de 2011

#El que tiene fe, no se desanima, su corazón está firme en el Señor, como Jesús, que siempre está fuerte; a quien pedimos hoy: ¡enséñanos a ser como t

Llucià Pou Sabaté
Martes de la 9ª semana. El que tiene fe, no se desanima, su corazón está firme en el Señor, como Jesús, que siempre está fuerte; a quien pedimos hoy: ¡enséñanos a ser como tú!

1. Tobías (2,9-14) tuvo una desgracia: “Aquella misma noche, después de bañarme, salí al patio y me recosté contra la tapia, con el rostro cubierto a causa del calor. Ignoraba yo que arriba, en el muro, hubiera gorriones; me cayó excremento caliente sobre los ojos y me salieron manchas blancas. Fui a los médicos, para que me curasen; pero cuantos más remedios me aplicaban, menos veía a causa de las manchas, hasta que me quedé completamente ciego. Cuatro años estuve sin ver. Todos mis hermanos estaban afligidos; Ajikar, por su parte, proveyó a mi sustento durante dos años, hasta que se trasladó a Elimaida. En aquellas circunstancias, mi mujer Ana, tuvo que trabajar a sueldo en labores femeninas; hilaba lana y hacía tejidos que entregaba a sus señores, cobrando un sueldo; el siete del mes de Dystros acabó un tejido y se lo entregó a los dueños, que le dieron todo su jornal y le añadieron un cabrito para una comida. Cuando entró ella en casa, el cabrito empezó a balar; yo, entonces, llamé a mi mujer y le dije: «¿De dónde ha salido ese cabrito? ¿Es que ha sido robado? Devuélvelo a sus dueños, porque no podemos comer cosa robada.» Ella me dijo: «Es un regalo que me han añadido a mi sueldo.» Pero yo no la creí; ordené que lo devolviera a los dueños y me irrité contra ella por este asunto. Entonces ella me replicó: «¿Dónde están tus limosnas y tus buenas obras? ¡Ahora se ve todo bien claro!»” Es una escena tan precisa y tan viva que se recuerda toda la vida aunque se haya oído contar una sola vez. Dios no interviene constantemente en las leyes del universo para hacer excepciones, y el que se porta bien también recibe palos. Y cuando nos pasan desgracias, nos cuesta creer. Es conveniente poner algo de sentido del humor, si es posible… somos criaturas limitadas. Sobre todo porque del mal puede resultar un bien. Dios no ha querido ese accidente estúpido... lo ha "permitido", es decir no ha hecho un milagro para impedirlo, para que creciera el mérito de Tobías. Cuando se cree en Dios, es evidente que se cree que Dios no puede querer el mal: el que ama, sólo quiere el bien para los que ama... Ahora bien, Dios es Amor absoluto, el Padre por excelencia. Sin embargo, el mal que existe en el mundo parece ir en contra de esa convicción. ¡El mal cuestiona a Dios! Y es natural que nuestra primera reacción sea rebelarnos. Pero se trata de hallar en nuestra fe la certeza de que Dios lo «permite» tan sólo para que resulte un mayor bien. Esto es lo que Tobías vivió. Ayúdanos, Señor, a ver el bien que Tú quieres sacar de esas pruebas que nos llegan, sea por el juego de las leyes naturales, sea por culpa de algunos hombres, sea por nuestra propia culpa. Todo el tema de la Redención está ya ahí: ¡la cruz que se transforma en resurrección, la muerte que es vencida por la vida!

2. El Salmo (112,1-2,7-9) canta: “¡Aleluya! ¡Dichoso el hombre que teme a Yahveh, que en sus mandamientos mucho se complace! Fuerte será en la tierra su estirpe, bendita la raza de los hombres rectos. No tiene que temer noticias malas, firme es su corazón, en Yahveh confiado. Seguro está su corazón, no teme: al fin desafiará a sus adversarios. Con largueza da a los pobres; su justicia por siempre permanece, su frente se levanta con honor”. Un cristiano creyente no se muestra agradecido a Dios sólo cuando todo le va bien, sino también cuando le acontece alguna desgracia. No sólo cuando el ambiente le ayuda, sino también cuando los comentarios de los demás son irónicos u hostiles. Un buen cristiano no pierde el humor ni la esperanza por nada. Deja siempre abierta la puerta a la confianza en Dios. Además, podemos también reflexionar sobre cómo reaccionamos ante una persona cercana a nosotros a quien le pasan estas desgracias: ¿contribuimos con nuestra palabra amable a devolverle la esperanza, o nuestros comentarios todavía le hunden más? (J. Aldazábal).

3.- Marcos (12,13-17) “Y envían donde él algunos fariseos y herodianos, para cazarle en alguna palabra. Vienen y le dicen: «Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios: ¿Es lícito pagar tributo al César o no? ¿Pagamos o dejamos de pagar?» Mas él, dándose cuenta de su hipocresía, les dijo: «¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea.» Se lo trajeron y les dice: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?» Ellos le dijeron: «Del César.» Jesús les dijo: «Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios.» Y se maravillaban de él”. Las personas hemos sido creadas «a imagen de Dios»: la efigie de Dios es más importante que la del emperador. Jesús no niega lo humano, «dad al César», pero lo relativiza, «dad a Dios». Las cosas humanas tienen su esfera, su legitimidad. Los problemas técnicos piden soluciones técnicas. Pero las cosas de Dios tienen también su esfera y es prioritaria. No es bueno identificar los dos niveles. Aunque tampoco haya que contraponerlos. No es bueno ni servirse de lo religioso para los intereses políticos, ni de lo político para los religiosos. No se trata de sacralizarlo todo en aras de la fe. Pero tampoco de olvidar los valores éticos y cristianos en aras de un supuesto progreso ajeno al plan de Dios. También nosotros podríamos caer en la trampa de la moneda, dando insensiblemente, contagiados por el mundo, más importancia de la debida a lo referente al bienestar material, por encima del espiritual. Un cristiano es, por una parte, ciudadano pleno, comprometido en los varios niveles de la vida económica, profesional y política. Pero es también un creyente, y en su escala de valores, sobre todo en casos de conflicto, da preeminencia a «las cosas de Dios» (J. Aldazábal).

Cristo responde con un argumento ad hominem: vosotros aceptáis la autoridad y los favores del imperio romano; aceptad también sus prescripciones y someteos a sus exigencias. No se pronuncia, pues, respecto a la legitimidad del poder; se limita a hacer constancia de que es aceptado y que, como tal, exige obediencia. Al actuar así, Jesús desacraliza el concepto de impuesto, que no es ya, como lo era para los judíos, un acto religioso en beneficio del templo y un reconocimiento de la teocracia, sino un acto profano regulado por el bien común.

De esta forma quedan los inquisidores reducidos a su sitio y al mismo tiempo confirmados en su celo prorromano. Por eso añade Cristo un inciso: "y dad a Dios lo que es de Dios". Es decir: actuad de forma que vuestra obediencia cívica no esté en contradicción con vuestros deberes para con Dios.

De donde se sigue una doble lección: la autoridad civil tiene derecho a la obediencia, sobre todo la de quienes se benefician de las ventajas que representa (Rom 13, 1-8; Tit 3, 1-3; 1 Pe 2 13-3, 17), pero esa obediencia no puede contradecir una obediencia superior: la que se debe a Dios.

La distinción que el Evangelio establece entre lo que es del César y lo que es de Dios no implica una contradicción intrínseca.

Realmente es algo que cae fuera de toda duda. El Reino de Dios no margina a los reinos terrestres asumidos por Dios en Jesucristo.

Querer dar a Dios lo que le es debido supone necesariamente también que se dé al César lo que le pertenece. El Reino de Dios no es de este mundo en el sentido de que no es uno más entre los reinos terrestres; pero está en el mundo, en el sentido de que es extensible a todos los reinos de acá abajo. No se podrá, por tanto, ser auténticamente cristiano al margen de las realidades de este mundo, y todo intento de marginación desemboca al final en un estilo de vida que es también marginal al verdadero Dios.

Juan Pedro Clemente Excelente, Llucià. Sí, nos hizo libres. Nos dió el libre albeldrío para que aprendieramos a amar. Gracias

Yvette Camou
El libro de Tobías excede las expectativas de su género literario. Por algo tiene inspiración divina. Cuatro años duró ciego su padre. Lo que deberíamos de preguntarnos nosotros es cuánto tiempo llevamos ciegos nosotros. La ceguera nuestra no se nos va a quitar con una operación usando lásers. Es una ceguera más profunda. Necesitamos un proceso de conversión para que se nos quite. San Pablo lo logró al llegar a Damasco gracias a esa infusión del Espíritu Santo. La respuesta de Ana, en una época en que escasamente la mujer retaba al marido, cuestionando qué había sido de sus limosnas y sus buenas obras. Eso es algo que nos inquieta a todos los Cristianos en la hora de la adversidad y hasta preguntamos '¿Porqué a mi?' No reconocemos la misericordia de Dios.....En el Evangelio, esta reflexión también creo que es aplicable al terrible pecado de nuestra época, la legalización del aborto. El Estado no es Dios y no debe de decidir quién tiene derecho a la vida. Dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo quees de Dios....y la vida pertenece a Dios, no al Estado. Vemos legislaciones absurdas que atentan contra la libertad humana. En México, DF, el Regente Marcelo Ebrard ha declarado que el feto es humano hasta las 12 semanas de gestación, por lo tanto un feto que no llega a este término, no es ser humano y puede ser abortado. Fue así que la ley fue aprobada y existe el derecho a aborto hasta antes de las 12 semanas. Quizáshabría que enseñarle un ultrasonido a Marcelo Ebrard para que se dé cuenta que hay un ser humano allí. Pero nuestros gobernantes pro-aborto y los lobbies que los apoyan no quieren aceptar la autoridad de Dios. La misma autoridad de ellos procede de Dios. Mañana empieza la Cuaresma, P. Llucià, necesitamos terapia para la ceguera pero no queremos reconocer que estamos enfermos. Necesitamos reconocer este mal en nuestras almas y pedirle a Jesús que nos sane.

Rue Bacruz salmo 29,11"el señor dara fuerza a su pueblo,dara a su pueblo bendiciones de paz".Sir34,"el señor renueva el entusiasmo e ilumina los ojos,da la salud,vida y bendicion".

Llucià Pou Sabaté
Juan Pablo II impulsó las canonizaciones. Tiene que ver con la esperanza, de la que tanto necesita nuestro mundo, como bien indica José Enrique en la página de religión con los mártires de la guerra civil española, e Yvette con los cristeros mexicanos (Padre Pro, etc.). Fue en la cautividad del pueblo hebreo bajo los sucesores de Alejandro Magno con los Macabeos, como en Babilonia con Daniel, que apareció la fe en la resurrección de los cuerpos, la vida eterna tal como luego vemos que creen los judíos (excepto los saduceos), y Jesús llevará a la plenitud esa revelación. Fue con el primer anciano macabeo, luego los hijos y la madre, y paralelamente con Daniel (todo esto se lee en la última semana del tiempo ordinario, año par, y en Adviento) cuando se da esa "reacción en cadena": cuando el mártir provoca la entrega a su alrededor. Luego los libros sapienciales explican la doctrina, pero el primer movimiento es siempre el testimonio, el martirio. Esto me ha hecho pensar que lo que mueve de verdad a la entrega es ver la entrega de los demás, en primer lugar la de Cristo, pero también la de una madre, la de los que nos rodean. La de los mártires, es configurativa del ser cristiano. Si no, no habría algo por lo que morir. Y por tanto no habría algo por lo que vivir. Porque sólo se vive cuando hay certeza de la Vida. Y esto se comprueba cuando se ve que alguien ama la Vida más que la vida, y la da con libertad. Esa es la prueba que arrastra. Y eso es lo que hoy falta. Lo que no se sabe explicar. Por eso no se da la vida. Por eso no se vive en plenitud.

Llucià Pou Sabaté
Yvette Camou decía en religión: P. Llucià, Su comentario sobre los Macabeos y Daniel. Ese me gusta para Comentarios Bíblicos. Podemos compartir el Comentario de los Macabeos con la tradición judía, incluso agregar el paralelismo que existe con Hannukah. Hay muchos católicos que no comprenden todavía esta esperanza de la Resurrección ni el porqué de la Fiesta de los Fieles Difuntos y la celebración de Todos los Santos.

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