viernes, 29 de abril de 2011

# Jesús nos pide que como una casa se construye sobre roca, nosotros lo hagamos sobre la roca de la verdad de la fe, el camino de la esperanza y la vi

Llucià Pou Sabaté
Domingo 9º, A. # Jesús nos pide que como una casa se construye sobre roca, nosotros lo hagamos sobre la roca de la verdad de la fe, el camino de la esperanza y la vida del amor que está en Jesús que se nos da en la Eucaristía

1. Deuteronomio (11,18.26-28): “Moisés habló al pueblo diciendo: -Meteos mis palabras en el corazón y en el alma, atadlas a la muñeca como un signo y ponedlas de señal en vuestra frente. Mirad: hoy os pongo delante maldición y bendición: la bendición, si escucháis los preceptos del Señor vuestro Dios que yo os mando hoy; la maldición, si no escucháis los preceptos del Señor vuestro Dios y os desviáis del camino que hoy os marco, yendo detrás de dioses extranjeros que no habíais conocido”. Cuentan que un alpinista, desesperado por conquistar el Aconcagua, inició su travesía, después de años de preparación. Subiendo por un acantilado a sólo cien metros de la cima, resbaló y se desplomó por los aires. Caía a gran velocidad, sólo podía ver veloces manchas más oscuras que pasaban en la misma oscuridad, y la terrible sensación de ser succionado por la gravedad. Seguía cayendo… y en esos angustiantes momentos, le pasaron por su mente todos los gratos y no tan gratos momentos de su vida. Pensaba que iba a morir; sin embargo, de repente, sintió un tirón muy fuerte que casi lo partió en dos… Sí, como todo un alpinista experimentado, había clavado estacas de seguridad con candados a una larguísima soga que lo amarraba del arnés. Después de un momento de quietud, suspendido por los aires, gritó con todas sus fuerzas: - ¡Ayudame Dios mío!…
De repente, una voz dijo en lo profundo de su interior: - Entonces, corta la cuerda que te sostiene…
Hubo un momento de silencio y quietud. El hombre se aferró más a la cuerda y reflexionó… Cuenta el equipo de rescate que al día siguiente lo encontraron medio congelado, colgado, agarrado fuertemente con las manos a una cuerda… a tan solo un metro del suelo. Es necesaria la fe. Una fe decidida… Tenemos los dos caminos, y hemos de seguir el de la fe y el amor.
2. Salmo (30,2-4.17 y 25) “A ti, Señor, me acojo: / no quede yo nunca defraudado; / tú que eres justo, ponme a salvo; / inclina tu oído hacia mí, / ven aprisa a librarme. // Sé la roca de mi refugio, / un baluarte donde me salve, / tú que eres mi roca y mi baluarte; / por tu nombre dirígeme y guíame. // Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, / sálvame por tu misericordia. / Sed fuertes y valientes de corazón, / los que esperáis en el Señor”. Con la fuerza de Dios, Jesús en la Cruz se siente fuerte: es la fuerza del amor. De la resurrección próxima, Jesús lo sabe. Esta protección necesitan sentirla tantos enfermos, en los hogares y en los hospitales, tantos que quizá se sienten despreciados, tantas personas que sufren abandonados… "Tú eres mi Dios". Tú eres el Creador; yo no soy sino un poquito de polvo en tus manos. Puedes configurarme a tu antojo o dejarme reducido a la nada. Y, con todo, eres mi Dios; sí, mío, yo te tengo, me perteneces. No me has creado para luego abandonarme, sino que te ocupas de mí. Es cierto que riges al mundo entero, pero él no te preocupa más que yo: "Tú eres mi Dios; mis días están en tus manos" (Emiliana Löhr). «Mis azares». Buena suerte, mala suerte; altos y bajos; penas y gozos. Todo eso es mi vida, y todo eso está en tus manos. Tú conoces el tiempo y la medida, tú sabes mis fuerzas y mi falta de fuerzas, mis deseos y mis limitaciones, mis sueños y mis realidades. Todo eso está en tu mano, y tú me amas y quieres siempre lo mejor para mí. Esa es mi alegría y mi descanso. Que esa fe aumente en mí, Señor, y acabe con toda ansiedad y preocupación en mi vida. Desde luego que seguiré trabajando por mis «azares» con todas mis fuerzas y con toda mi alma. Soy trabajador incorregible, y no he de bajar las miras ni disminuir el esfuerzo; pero ahora lo haré con rostro alegre y corazón despreocupado, porque ya no estoy atado a conseguir el éxito por mi cuenta. Esos «azares» están en tus manos, y bien se encuentran allí. Yo ahora puedo sonreír y cantar, porque por primera vez empiezo a sentir que el yugo es suave y la carga ligera. Mi esfuerzo seguirá, pero desde ahora el resultado está en tus manos, es decir, fuera de mi competencia y, por consiguiente, fuera de mi preocupación. La paz ha vuelto a mi alma desde que yo he aprendido las benditas palabras: «Tú eres mi Dios; en tus manos están mis azares» (Carlos G. Vallés).
3. Romanos (3,21-25.28): “Hermanos: Ahora, la justicia de Dios, atestiguada por la Ley y los Profetas, se ha manifestado independientemente de la Ley. Por la fe en Jesucristo viene la justicia de Dios a todos los que creen, sin distinción alguna. Pues todos pecaron y todos están privados de la gloria de Dios, y son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención de Cristo Jesús, a quien constituyó sacrificio de propiciación mediante la fe en su sangre. Sostenemos, pues, que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la Ley”. Cristo inaugura la vida nueva, la del espíritu; celebrar la fe es ponerse al servicio de la justicia. Son palabras similares: por la fe soy hijo de Dios, la gracia es la fuerza de la justificación, que me salva… es todo gratis, porque Dios me ama, y ese saberse salvado por Jesús es lo más importante de mi vida, que me anima a amar a los demás… “obras son amores y no buenas razones”, como leeremos ahora.
4. Mateo (7,21-27). “En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: —No todo el que me dice «Señor, Señor» entrará en el Reino de los Cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel día muchos dirán: Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros? Yo entonces les declararé: Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados.
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente”. Es el final del sermón de la montaña, que hemos estado leyendo estos domingos. La última indicación, pues, para saber en qué consiste la función del discípulo de Jesús en cuanto "pescador de hombres". Deseos eficaces de querer cumplir la voluntad de Dios. Eso es todo. Escuchar y actuar. Eso es edificar sobre roca. Como la 1ª lectura: «si escucha los preceptos del Señor y los cumple». ¿Qué hay que escuchar? A Jesús, la obediencia a la palabra de Dios, como la Virgen María, la respuesta a su amor. Así, la lluvia torrencial no moverá el fundamento, anclado en la roca. Es decir, Cristo, que tantas veces viene con persecución, que no sólo pone a prueba al cristiano, sino que aumenta su solidez (Hans Urs von Balthasar).

Yvette Camou
Nos llama a escuchar y a dar respuesta a su Amor. Ha sido muy hermosa lasecuenia de estos últimos domingos con el Sermón de la Montaña. Esa secuencia tan clara desde hace5 domingos. Primero, nos llamaa la fraternidad en Mt 5, 21-26; después a amar a nueros enemigos en Mt 5, 43-48; lueo se nos presenta como Padre Amoroso en Mt 6, 5-13; nos llama a confiar plenamente en Él en Mt 6, 24-43 y hoy en este Noveno Domingo Ordinario nos llama a hacr su voluntad. Esta secuencia me parece un preludio fascinante para la Cuaresma. Y el Santo Padre dio a conocer el itinerario cuaresmal con su síntesis y podemos reflexionar emprendiendo el camino a la Pascua como él nos indica "¿Qué puede haber más adeuado que dejarse guiar por la Palabra de Dios?". Y para redescubri el Bautismo en este camino de conversión que ya se aproxima, ayúdenos P. Llucià a discernir, aunque no mande a Ejercicios Ignacianos.

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