lunes, 20 de junio de 2011

Abram es el hombre de fe que hace oración con su vida, que se llena de Verdad, Dios influye en su vida que se llena así de amor, de ese mandamiento nu


12ª semana. Martes. San Luis Gonzaga, religioso, M. obligatoria.

San Mateo 7, 6, y 12-14:
Abram es el hombre de fe que hace oración con su vida, que se llena de Verdad, Dios influye en su vida que se llena así de amor, de ese mandamiento nuevo que Jesús nos trae.

Autor: Padre Llucià Pou Sabaté

Génesis 13, 2 y 5-18 2 Abram era muy rico en ganado, plata y oro. 5 También Lot, que iba con Abram, tenía ovejas, vacadas y tiendas. 6 Ya la tierra no les permitía vivir juntos, porque su hacienda se había multiplicado, de modo que no podían vivir juntos. 7 Hubo riña entre los pastores del ganado de Abram y los del ganado de Lot. (Además los cananeos y los perizitas habitaban por entonces en el país.) 8 Dijo, pues, Abram a Lot: «Ea, no haya disputas entre nosotros ni entre mis pastores y tus pastores, pues somos hermanos. 9 ¿No tienes todo el país por delante? Pues bien, apártate de mi lado. Si tomas por la izquierda, yo iré por la derecha; y si tú por la derecha, yo por la izquierda.» 10 Lot levantó los ojos y vio toda la vega del Jordán, toda ella de regadío - era antes de destruir Yahvé a Sodoma y Gomorra - como el jardín de Yahvé, como Egipto, hasta llegar a Soar. 11 Eligió, pues, Lot para sí toda la vega del Jordán, y se trasladó al oriente; así se apartaron el uno del otro. 12 Abram se estableció en Canaán y Lot en las ciudades de la vega, donde plantó sus tiendas hasta Sodoma. 13 Los habitantes de Sodoma eran muy malos y pecadores contra Yahvé. 14 Dijo Yahvé a Abram, después que Lot se separó de él: «Alza tus ojos y mira desde el lugar en donde estás hacia el norte, el mediodía, el oriente y el poniente. 15 Pues bien, toda la tierra que ves te la daré a ti ya tu descendencia por siempre. 16 Haré tu descendencia como el polvo de la tierra: tal que si alguien puede contar el polvo de la tierra, también podrá contar tu descendencia. 17 Levántate, recorre el país a lo largo y a lo ancho, porque a ti te lo he de dar.» 18 Y Abram vino a establecerse con sus tiendas junto a la encina de Mambré, que está en Hebrón, y edificó allí un altar a Yahvé.

Salmo 15, 2-5: 2 El que anda sin tacha, y obra la justicia; que dice la verdad de corazón, 3 y no calumnia con su lengua; que no daña a su hermano, ni hace agravio a su prójimo; 4 con menosprecio mira al réprobo, mas honra a los que temen a Yahvé; que jura en su perjuicio y no se retracta, 5 no presta a usura su dinero, ni acepta soborno en daño de inocente. Quien obra así jamás vacilará.

Mateo 7, 6, y 12-14: 6 “No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen.” 12 “Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas. 13 Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; 14 mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y poco son los que lo encuentran.”

Comentario: 1. Gn 13, 2 y 5-18: -Hubo una disputa entre los pastores del ganado de Abram y los del ganado de Lot, su sobrino... Los pastores de ambos se disputan entre sí. ¡Así suelen comenzar todas las guerras! nacionales o sociales. Veremos también que va a revelarse todo el «designio de Dios»: «Somos hermanos»... Porque Abram trata de ser fiel a Dios, porque es hombre de fe y de oración, es también fiel a sus hermanos: decidirá libremente que Lot se quede con los mejores pastos, los del valle del Jordán, abundantes en riego... Y Abram se queda con el resto: los collados más áridos de la montaña de Canaán: Dar al otro la mejor parte: Jesús repetirá ese gesto. Para Abram, «la paz» es ya un bien superior a los bienes materiales. El amor fraterno ante todo. Es ya un «evangelio» vivido, es el tema del Amor: ley esencial del Reino. Señor, HOY, en la situación en que me encuentro, ¿cuido de promover la paz? ¿Soy un constructor de hermandad? Ayúdame a dejar pasar a los demás antes que yo. Que mi fe en ti sea también una exigencia de caridad. Que no pueda decirse: «adora a Dios, pero esto no le hace mejor». En tu designio, Señor, «oración y comunión fraterna» están ligadas. El progreso, de etapa en etapa, que Tú me pides, es a la vez una «búsqueda de Dios» y «una búsqueda de los hombres»: no hay más que dos mandamientos, se resuelven en uno, dirá Jesús.

-Toda la tierra que ves te la daré. Abram ha sido generoso, sin cálculo, para construir la paz fraterna. Este gesto de desprendimiento suscita, por así decirlo la generosidad de Dios. «Los que renunciaron a todo recibirán el céntuplo...» No se trata de ser negociantes, claro está. Pero queda fuera de duda que el que opta por Dios, no pierde. No quiero tomar esta Promesa únicamente en un sentido material e inmediato, Señor. Porque sé muy bien que hay gentes que te aman y que son desgraciadas y están en la miseria. Pero creo en tu palabra. Si no es HOY, creo sin embargo que colmarás un día a todos los que son fieles y buenos. Es necesario, Señor, es preciso que haya una justicia.

-Abram vino a establecerse junto a la encina de Mambré, que está en Hebrón, y erigió allí un altar al Señor. A cada etapa de su vida, ¡la oración! Su primer gesto, doquiera que llegue para plantar su tienda: construir un altar, ponerse ante Dios. Finalmente, para este hombre de fe su espera profunda no es ante todo una «tierra» ni una «posteridad», es Dios mismo. ¡Señor, sé mi saciedad cotidiana! «El pan nuestro de cada día, dánosle hoy.» Que sea tu presencia «lo que colme mi vida». ¡Erigir un altar! ¡Ofrecer mi vida! (Noel Quesson) , de nuevo, Abram eleva un altar y adora a Dios.

2. Así lo comenta Juan Pablo II: “los estudiosos de la Biblia clasifican con frecuencia el salmo 14, objeto de nuestra reflexión de hoy, como parte de una "liturgia de ingreso". Como sucede en algunas otras composiciones del Salterio (cf., por ejemplo, los salmos 23, 25 y 94), se puede pensar en una especie de procesión de fieles, que llega a las puertas del templo de Sión para participar en el culto. En un diálogo ideal entre los fieles y los levitas, se delinean las condiciones indispensables para ser admitidos a la celebración litúrgica y, por consiguiente, a la intimidad divina.

En efecto, por una parte, se plantea la pregunta: "Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda y habitar en tu monte santo?" (Sal 14,1). Por otra, se enumeran las cualidades requeridas para cruzar el umbral que lleva a la "tienda", es decir, al templo situado en el "monte santo" de Sión. Las cualidades enumeradas son once y constituyen una síntesis ideal de los compromisos morales fundamentales recogidos en la ley bíblica (cf. vv. 2-5).

En las fachadas de los templos egipcios y babilónicos a veces se hallaban grabadas las condiciones requeridas para el ingreso en el recinto sagrado. Pero conviene notar una diferencia significativa con las que sugiere nuestro salmo. En muchas culturas religiosas, para ser admitidos en presencia de la divinidad, se requería sobre todo la pureza ritual exterior, que implicaba abluciones, gestos y vestiduras particulares. En cambio, el salmo 14 exige la purificación de la conciencia, para que sus opciones se inspiren en el amor a la justicia y al prójimo. Por ello, en estos versículos se siente vibrar el espíritu de los profetas, que con frecuencia invitan a conjugar fe y vida, oración y compromiso existencial, adoración y justicia social (cf. Is 1,10-20; 33,14-16; Os 6,6; Mi 6,6-8; Jr 6,20). Escuchemos, por ejemplo, la vehemente reprimenda del profeta Amós, que denuncia en nombre de Dios un culto alejado de la vida diaria: "Yo detesto, desprecio vuestras fiestas; no me gusta el olor de vuestras reuniones solemnes. Si me ofrecéis holocaustos, no me complazco en vuestras oblaciones, ni miro a vuestros sacrificios de comunión de novillos cebados. (...) ¡Que fluya, sí, el juicio como agua y la justicia como arroyo perenne!" (Am 5,21-24).

Veamos ahora los once compromisos enumerados por el salmista, que podrán constituir la base de un examen de conciencia personal cuando nos preparemos para confesar nuestras culpas a fin de ser admitidos a la comunión con el Señor en la celebración litúrgica. Los tres primeros compromisos son de índole general y expresan una opción ética: seguir el camino de la integridad moral, de la práctica de la justicia y, por último, de la sinceridad perfecta al hablar (cf. Sal 14,2). Siguen tres deberes que podríamos definir de relación con el prójimo: eliminar la calumnia de nuestra lengua, evitar toda acción que pueda causar daño a nuestro hermano, no difamar a los que viven a nuestro lado cada día (cf. v. 3). Viene luego la exigencia de una clara toma de posición en el ámbito social: considerar despreciable al impío y honrar a los que temen al Señor. Por último, se enumeran los últimos tres preceptos para examinar la conciencia: ser fieles a la palabra dada, al juramento, incluso en el caso de que se sigan consecuencias negativas para nosotros; no prestar dinero con usura, delito que también en nuestros días es una infame realidad, capaz de estrangular la vida de muchas personas; y, por último, evitar cualquier tipo de corrupción en la vida pública, otro compromiso que es preciso practicar con rigor también en nuestro tiempo (cf. v. 5).

Seguir este camino de decisiones morales auténticas significa estar preparados para el encuentro con el Señor. También Jesús, en el Sermón de la montaña, propondrá su propia "liturgia de ingreso" esencial: "Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda" (Mt 5,23-24). Como concluye nuestra plegaria, quien actúa del modo que indica el salmista "nunca fallará" (Sal 14,5). San Hilario de Poitiers, Padre y Doctor de la Iglesia del siglo IV, en su Tractatus super Psalmos, comenta así esta afirmación final del salmo, relacionándola con la imagen inicial de la tienda del templo de Sión. "Quien obra de acuerdo con estos preceptos, se hospeda en la tienda, habita en el monte. Por tanto, es preciso guardar los preceptos y cumplir los mandamientos. Debemos grabar este salmo en lo más íntimo de nuestro ser, escribirlo en el corazón, anotarlo en la memoria. Debemos confrontarnos de día y de noche con el tesoro de su rica brevedad. Y así, adquirida esta riqueza en el camino hacia la eternidad y habitando en la Iglesia, podremos finalmente descansar en la gloria del cuerpo de Cristo"”. A veces, lo que nos falta en nuestra vida de cristianos, o de religiosos o de ministros ordenados, no es la doctrina o la fe, sino buen corazón… podemos relacionar el salmo con la fe (la oración) viva de Abram: el salmo de hoy, haciéndose eco de la actitud de Abram, se pregunta quién puede «hospedarse en la tienda de Dios», lo que hoy equivaldría a preguntar quién es buen cristiano. La respuesta es muy concreta y no se pierde en altas teologías. La persona honrada es la «que procede honradamente y practica la justicia, que tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua, que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino: el que así obra, nunca fallará». ¿Quedaríamos bien retratados en esta enumeración? En concreto, imitando a Abram, podemos preguntarnos cuál suele ser nuestro modo de resolver las tensiones que pueden surgir en nuestra convivencia: ¿somos capaces de ceder? ¿Damos prioridad al gusto de los demás o siempre tiene que prevalecer el nuestro? ¿Resolvemos los posibles conflictos de la vida familiar o comunitaria poniendo aceite en las junturas, sacrificándonos nosotros, si es preciso? ¿Sabemos buscar la paz y la concordia, hablando como personas civilizadas, aun antes de recurrir a los motivos, más sobrenaturales, que nos enseña Jesús? Entonces sí podemos ir al altar, y ofrecer a Dios en la Eucaristía, junto al sacrificio definitivo de Cristo, el nuestro: ese gesto que seguramente nos habrá costado, de tolerancia y generosidad. Él nos premiará, como hizo con Abram. Cristo dijo que recibiremos «el ciento por uno», si hemos tenido que sacrificar algo de lo nuestro para seguirle como discípulos. Aparentemente, habremos perdido, porque otro se ha salido con la suya. Pero ante Dios somos más ricos. No podemos ir a la oración si estamos enfadados con un hermano: “si al presentar la ofrenda te acuerdas que tienes algo contra tu hermano, deja la ofrenda sobre el altar, ve y haz la paz con tu hermano, y luego vuelve…”, nos dirá Jesús…

3. Mt 7, 6 y 12-14: Siguen, en el sermón del monte, diversas recomendaciones de Jesús. Hoy leemos tres. La primera es bastante misteriosa, probablemente tomada de un refrán popular: «no echar las perlas a los cerdos o lo santo a los perros». No sabemos a qué se puede referir: ¿el sentido del «arcano», que aconseja el acceso a los sacramentos sólo a los ya iniciados? ¿La prudencia en divulgar la doctrina de la fe a los que no están preparados? ¿El cuidado de que no se profane lo sagrado? La segunda sí que se entiende y nos interpela con claridad: «tratad a los demás como queréis que ellos os traten». Igualmente la tercera: «entrad por la puerta estrecha», porque ante la opción de los dos caminos, el exigente y el permisivo, el estrecho y el ancho, todos tendemos a elegir el fácil, que no es precisamente el que nos lleva a la salvación. Jesús nos va enseñando sus caminos. Los que tenemos que seguir si queremos ser seguidores suyos.

-No deis lo "sagrado" a los perros. No echéis vuestras perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen, y además se revuelvan y os destrocen. Fórmula enigmática que puede entenderse de varias maneras. Se trata ciertamente de un consejo de prudencia... de respeto a las cosas santas... El cristianismo es una realidad sagrada, una "perla" preciosa. Jesús nos recomienda que no lo entreguemos, sin considerar ni reflexionar previamente, a quienes son incapaces de comprenderlo. De nada sirve excitar el furor de los demás, proponiéndoles exigencias incomprensibles para ellos: una cierta insistencia sectaria en la proclamación del evangelio, no responde a lo que Jesús dice aquí. No estamos nunca dispensados de tener tacto y delicadeza suficientes al proponer el mensaje evangélico a fin de que no sea profanado o rechazado por una insistencia torpe o inoportuna. Lección importante para muchos padres respecto a sus hijos mayores. Lección capital para todos los que viven en ambientes completamente extraños al pensamiento cristiano. No es prudente provocar la oposición, so pretexto de decir la verdad.

-Todo lo que querríais que hicieran los demás por vosotros, hacedlo vosotros por ellos. Regla de oro. Los sabios y prudentes en casi todas las religiones han dado reglas parecidas. Bueno es subrayar que el evangelio no resulta siempre original ya que a menudo se encuentran en él incorporados los mejores elementos de la moralidad humana. En los refranes populares, habría que buscar lo que corresponde a esta máxima de sabiduría: ¡haz a los demás lo que desees para ti! Subrayamos su carácter positivo. Con demasiada frecuencia se la transpone en negativa: "no hagas a los demás lo que no quisieras que se te hiciese." La fórmula positiva toma un carácter casi infinito. (A esto luego Jesús añade la ley del mandamiento nuevo, y esa sí es novedad… la nueva alianza sellada en su sangre, su vida…).

Tenemos muchas ocasiones de cumplir, a lo largo del día, este precepto: podríamos escribir en una hoja de papel la lista de cosas que deseamos o exigimos que hagan con nosotros: que nos atiendan, que se interesen por nosotros, que sean tolerantes con nuestros defectos y alaben nuestras cualidades, que no nos condenen sin habernos dado ocasión de defendernos y explicar lo que de verdad ha sucedido. Y otras cosas muy razonables y justas. Pues bien, a continuación tendríamos que decirnos a nosotros: eso mismo es lo que tú tienes que hacer con los que viven contigo.

-Eso significan la Ley y los Profetas. Jesús insiste a menudo en la unidad y la simplificación de la vida. En lugar de embarazarse en múltiples preceptos, los resume todos en esta breve fórmula.

-Entrad por la puerta angosta; porque ancha es la puerta y amplia la calle que llevan a la perdición. ¡Qué angosta es la puerta y qué estrecho el callejón que llevan a la vida! Dos imágenes conjugadas: una puerta muy angosta, un camino muy estrecho. Jesús no suele ser pesimista y ello hace que resalte aún más el carácter bastante sombrío de estas fórmulas; por lo tanto la advertencia es grave. Señor, ayúdame a no escoger, de tu evangelio, las fórmulas que me agradan, sino a tomarlas todas. Es a mí... a quien Tú dices esto. Sería demasiado fácil aplicarlo a los demás. Sí, lo sé; el camino de la mediocridad ¡es un camino fácil! Basta con dejarse llevar. Pero el sendero que conduce a las cimas es escarpado y rocoso. ¿Qué debería cambiar en mi vida esta severa advertencia? ¿Dónde está la dificultad? ¿Es quizá el signo del deber? Así lo pensaba el Padre de Foucauld.

-Son pocos los que encuentran el sendero. Es necesario constatarlo -y contrastarlo- con Jesús. Los que aceptan vivir íntegramente el evangelio son una pequeña minoría. Los atraídos a no seguir el camino angosto son la masa. Danos, Señor, este valor y esta personalidad algo fuerte, que Tú nos sugieres con estas palabras abruptas (Noel Quesson/J. Aldazábal). Danos también, Señor, la llave de la puerta estrecha que abre el camino angosto: la humildad de saber reconocerte en aquel que nos indica ese camino difícil, aun a costa de recibir nuestra negativa y perder nuestra consideración…concédenos, Señor, la docilidad necesaria para dejarnos guiar a través de esa puerta estrecha, cogidos de la mano de aquel que Tú has puesto en nuestro camino… Porque Tú, Señor, en las personas que nos guían y acompañan por el camino angosto que lleva a la vida eterna, a ti, te has quedado con nosotros hasta el fin de los tiempos…

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