miércoles, 13 de julio de 2011

Jueves de la 15ª semana de Tiempo Ordinario: Yavhé, el que es, es el que vendrá en Jesús, el Dios con nosotros, que nos da paz y descanso

Jueves de la 15ª semana de Tiempo Ordinario: Yavhé, el que es, es el que vendrá en Jesús, el Dios con nosotros, que nos da paz y descanso

Lectura del libro del Éxodo 3,13-20. En aquellos días, Moisés, después de oír la voz del Señor desde la zarza ardiendo, le replicó: -«Mira, yo iré a los israelitas y les diré: "El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros." Si ellos me preguntan cómo se llama, ¿qué les respondo?» Dios dijo a Moisés: -«"Soy el que soy"; esto dirás a los israelitas: "'Yo-soy' me envía a vosotros."» Dios añadió -«Esto dirás a los israelitas: "Yahvé (Él-es), Dios de vuestros padres, Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob, me envía a vosotros. Éste es mi nombre para siempre: así me llamaréis de generación en generación." Vete, reúne a los ancianos de Israel y diles: "El Señor, Dios de vuestros padres, de Abrahán, de Isaac y de Jacob, se me ha aparecido y me ha dicho: 'Os tengo presentes y veo cómo os tratan los egipcios. He decidido sacaros de la opresión egipcia y llevaros al país de los cananeos, hititas, amorreos, fereceos, heveos y jebuseos, a una tierra que mana leche y miel.'" Ellos te harán caso, y tú, con los ancianos de Israel, te presentarás al rey de Egipto y le diréis: "El Señor Dios de los hebreos nos ha encontrado, y nosotros tenemos que hacer un viaje de tres jornadas por el desierto para ofrecer sacrificios al Señor, nuestro Dios." Yo sé que el rey de Egipto no os dejará marchar si no es a la fuerza; pero yo extenderé la mano, heriré a Egipto con prodigios que haré en el país, y entonces os dejará marchar.»

Salmo responsorial Sal 104,1 y 5.8-9.24-25.26-27. R. El Señor se acuerda de su alianza eternamente.
Dad gracias al Señor, invocad su nombre, dad a conocer sus hazañas a los pueblos. Recordad las maravillas que hizo, sus prodigios, las sentencias de su boca.
Se acuerda de su alianza eternamente, de la palabra dada, por mil generaciones; de la alianza sellada con Abrahán, del juramento hecho a Isaac.
Dios hizo a su pueblo muy fecundo, más poderoso que sus enemigos. A éstos les cambió el corazón para que odiasen a su pueblo, y usaran malas artes con sus siervos.
Pero envió a Moisés, su siervo, y a Aarón, su escogido, que hicieron contra ellos sus signos, prodigios en la tierra de Cam.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,28-30. En aquel tiempo, exclamó Jesús: -«Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

Comentario: 1.- Ex 3,13-20: ¿Cómo se llama Dios? Es una pregunta legítima que Moisés le dirige al que le está llamando a una misión tan complicada. ¿En nombre de quién tendrá que presentarse a su pueblo y al Faraón en Egipto? No leemos aquí todas las excusas que presenta Moisés para no tener que aceptar el difícil encargo. Lo cierto es que, al final, se ha rendido (Dios ha tenido que «enfadarse» con él y le ha dado respuesta a todas sus objeciones). Ahora ya se trata de preparar la estrategia de la liberación de Israel. El nombre de Dios es «soy el que soy», que no hay que entender tanto desde una perspectiva filosófica (el que tiene la plenitud del ser subsistente), sino existencial e histórica: «soy el que estoy ahí para», «soy el que estoy cerca». Es el Dios de los patriarcas, el Dios de la promesa, el que ha decidido estar siempre ayudando a su pueblo, en el pasado y en el futuro. Por eso ahora se dispone a su liberación. El nombre de Dios se nos revela, no en los libros, sino en la historia. Nosotros podemos llamar a Dios, con mejores motivos que Moisés, «el Dios que está con», «el Dios que siempre se acerca para ayudar». Porque en Jesús nos hemos convencido de que Dios es «Dios-con-nosotros». Jesús se llama a sí mismo, a menudo, con el nombre: «yo soy». A veces, con referencia a diversos aspectos de su personalidad: yo soy el pastor, la puerta, el pan de la vida, la luz, el camino, la verdad, la vida. Y otras, en su totalidad divina: «antes que Abrahán existiera, Yo Soy» (Jn 8,58).
Nosotros sí que podemos decir: «El Señor se acuerda de su alianza eternamente, de la palabra dada por mil generaciones, de la alianza sellada con Abrahán, del juramento hecho a Isaac». Hemos experimentado que sigue siendo el Dios de la Alianza, porque, en Jesús, estamos celebrando continuamente la Nueva y definitiva Alianza. Y, cuando también para nosotros llegan los días malos, no sólo podemos decir: «envió a Moisés su siervo y a Aarón su escogido», sino que podemos añadir: «y nos ha enviado a su Hijo, Cristo Jesús, que nos ayuda en nuestro éxodo y en el camino de nuestra liberación». Si hay un momento en que Dios se nos revela como cercano es en la Eucaristía: Dios nos dirige su Palabra, que es su mismo Hijo, y nos da su mejor alimento de vida, el Cuerpo y la Sangre del Resucitado. No podemos tener mejor luz y fuerza para la jornada.
-Dijo Dios a Moisés: "Yo soy el que soy". Sabemos la importancia que tiene el nombre para los hebreos: indica «el ser» profundo. Así Dios no es una realidad imprecisa, impersonal... como suelen imaginarse muchos hombres. Dios no es una cosa vaga. Tiene un «nombre», es alguien vivo. Se ha buscado mucho cuál podría ser el sentido de esta palabra «Yaveh» traducida aquí por «yo soy el que soy». Se ha pensado, a veces, que es un rechazo a definirse, una respuesta evasiva, como si Dios dijera: «Yo soy quien soy»... Y es verdad que Dios está más allá de todo nombre y no puede ser captado, porque es transcendente. -Hablarás así a los hijos de Israel: «El que me ha enviado a vosotros es "Yo-soy".» Yo soy, yo existo. La explicación más frecuente es ésta: Dios es el «ser que posee su existencia en sí mismo», la roca sólida, el único que existe verdaderamente. Y este Nombre es una garantía. «¡Aquél que me ha enviado a vosotros, es lo sólido, la Roca!» -Es Yaveh, el Señor, el Dios de vuestros padres, Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob. En Egipto en medio de toda clase de dioses era fácil que los hebreos hubiesen adoptado, en parte, la idolatría ambiental. Dios se revela como el único verdadero y se une así a la gran tradición de los patriarcas, quizá algo olvidada. Es pues un Dios "fiel", que cumple sus promesas. Tenemos siempre la tentación de pensar que Dios se olvida de nosotros, que deja que caigamos. Es que el Señor no parece tener prisa. Israel estaba lejos de la Tierra, prometida sin embargo hacía ocho o nueve siglos antes. ¡La espera resultaba interminable! Señor, quiero creer que Tú eres fiel, que eres el Dios de nuestros padres, y que cumplirás todo lo que nos has prometido. -Yo os he visitado y he visto lo que os han hecho en Egipto, donde se os oprime y he decidido llevaros al país de los Cananeos, país que mana leche y miel. Otra traducción posible del término Yavéh es «yo seré quien seré», en futuro... como si con ello Dios anunciara que se le reconocería en lo que se preparaba a hacer. Efectivamente, el verdadero Dios es un Dios comprometido en la historia, un Dios activo que interviene para «crear», «salvar», «reunir». «He decidido liberaros de la opresión, ayudaros a vivir en una tierra donde será agradable vivir, ¡un país donde la leche y la miel manarán en abundancia para vosotros!» ¿Estamos convencidos de que Dios es siempre «ese Dios »? Cuando los hombres sueñan en «liberación», «justicia», «desarrollo», «promoción» ¿saben que adoptan un sueño de Dios? -Ya sé que el rey de Egipto no os dejará partir, sino forzado por mano poderosa. Yo extenderé mi mano... Dios se comprometerá por entero con la causa de los oprimidos. ¿Y nosotros? (Noel Quesson). Esta forma de llamarse Dios tiene un sentido profundo en hebreo: “yo soy el que soy-el que seré”, en forma verbal tanto presente como futuro, que se manifiesta plenamente en Jesús, que es “Emanuel”, Dios-con-nosotros, El que es, que viene, y que se queda, y permanece en la Encarnación continuando en la Eucaristía… en su cuerpo que es la Iglesia…
2. Se canta en el salmo la alabanza por la obra redentora de Dios con respecto a Israel, la protección del Señor va cuidando de su pueblo, acompañándole a través de la Alianza de Abraham, y la fecundidad de Egipto, y también usa de la malicia de los enemigos para sacar de lo malo un bien más grande, con Moisés su siservo y los prodigios que hizo a través de él y Aarón.
3.- Mt 11, 28-30. Es muy breve el evangelio de hoy, pero rico en contenido y consolador por demás. Jesús nos invita, a los que podemos sentirnos «cansados y agobiados» en la vida, a acercarnos a él: «venid a mi». Nos invita también a aceptar su yugo, que es llevadero y suave. Los doctores de la ley solían cargar fardos pesados en los hombros de los creyentes. Jesús, el Maestro verdadero, no. El nos asegura que su «carga es ligera», y que en él «encontraremos descanso».
No es que el estilo de vida de Jesús no sea exigente. Lo hemos leído muchas veces en el evangelio y lo experimentamos en la vida. Su programa incluye renuncias y nos pide cargar con la cruz. Pero, a la vez, él nos promete su ayuda. Cargamos con la cruz, si, pero en su compañía «Yo os aliviaré». Como el Cireneo le ayudó a él a llevar la cruz camino del Calvario, él nos ayuda a nosotros a superar nuestras luchas y dificultades. Cuando nos sentimos «cansados y agobiados», cosa que nos pasa a todos alguna vez, recordemos la palabra alentadora del Señor, que conoce muy bien lo difícil que es nuestro camino. Así mismo, deberíamos aprender la lección para nuestras relaciones con los demás. Para que no nos parezcamos a los sabios legalistas que agobian a los demás con sus normas y exigencias, sino a Jesús, que invita a ser fieles, pero se muestra comprensivo con las caídas y debilidades de sus seguidores, siempre dispuesto a ayudar y perdonar. No quiere que nos sintamos movidos por el temor de los esclavos, sino por el amor de los hijos y la alegría de los voluntarios. Cuando es el amor el que mueve, toda carga es ligera (J. Aldazábal).
-Venid a mi todos los que estáis rendidos y agobiados. Es la continuación del texto de ayer. Jesús continúa pensando en los que ocupan el primer lugar en su corazón y en su preocupación: los pequeños o humildes, los pobres, los que sufren, los hambrientos, los enfermos o desgraciados... todos los que están rendidos y agobiados. En primer lugar quiero contemplar ese sentimiento del corazón de Jesús. Trato de imaginar tus actitudes, tus gestos, las palabras que Tú, Señor, les dirigías cuando estabas con ellos. "Venid a mi... " les dices que se acerquen, que vayan hacia ti y yo, ¿sé también acercarme a ti cuando la carga a soportar me agobia, cuando son muchas mis preocupaciones y mis penas? -Y Yo os aliviaré. Podría traducirse por "Yo os daré respiro"... "os procuraré una pausa"... "para que vuestra carga sea más llevadera". Es la imagen del pobre hombre que lleva una carga abrumadora, y que se para unos minutos, para depositar junto a él su carga, tomarla luego de nuevo y continuar su marcha. Es la imagen de la pobre mujer que ha ido a buscar leña al bosque o entre la maleza; el haz se ha hecho tan grande que ha de descansar unos momentos antes de reemprender su camino. Esto es lo que Jesús quiere hacer por nosotros, aliviarnos, confortarnos, hacernos más ligeros y libres, más alegres y contentos . "Yo os aliviaré". ¡Gracias. Señor! ¿Es para mí, Ia confesión el momento de descargarme del peso que me agobia? ¿es un momento de paz, de alegría, de liberación? El tiempo que dedico a la oración, ¿me resulta una faena pesada?; o bien, ¿son momentos en los que me acerco a Jesús para reposar junto a El?
-Cargad con mi yugo, sed mis discípulos: aprended de mí, que soy sencillo y humilde, y encontraréis vuestro respiro. Los Doctores de la Ley, del tiempo de Jesús, imponían muchas obligaciones difíciles de cumplir: era como esos "yugos" duros y mal esculpidos, que los labradores ponen sobre el cuello de las bestias y que lastiman su piel. El "yugo" de Jesús -mi yugo, dice El- es soportable. No es una carga que aplaste y lastime. "Pues soy sencillo... soy humilde..." Hay que meditar, detenidamente estas palabras, estas confidencias de Jesús. Una vez mas hay que tratar de imaginar, como eso se traducía en sus actitudes, en su comportamiento y en su modo de hablar y de vivir. -Sí, mi yugo es llevadero y mi carga ligera. Sin embargo, a veces, lo encuentro pesado y lo soporto mal. Pero, Señor quiero hacerte caso y abandonarme a ti. Es muy cierto que si uno se abandona verdaderamente a Dios, queda realmente reconfortado, colmado de serenidad y de alegría. Nuestra Fe, nuestras vocaciones, nuestras obligaciones religiosas... no deberían ser nunca "cargas" para nosotros. El amor no puede ser más que liberador y radiante. Por esta alegría se reconocen los verdaderos discípulos de Jesús (Noel Quesson).
La carga es liviana… Escuchando este Evangelio, pienso en los judíos muertos en las cámaras de gas durante la segunda guerra mundial, en los millones de esclavos a quienes no se les ha permitido ser libres, en tantos obreros de la industria moderna que son explotados injustamente, en los indígenas maltratados y marginados en sus propios países, en las gentes que llenan tantos campos de refugiados a lo largo y ancho del mundo, en los que sufren y mueren en soledad en los hospitales, en los niños y niñas que son explotados sexualmente, en los drogadictos que han encontrado su infierno particular huyendo posiblemente de otros infiernos. Todos estos y muchos más, tienen el derecho de sentir estas palabras de Jesús como dirigidas a ellos. Ellos son los últimos de nuestro mundo. Ellos son aquellos a los que ha tocado la peor parte en la herencia. Ellos realmente merecen encontrar consuelo y descanso en el Reino de Dios. Ellos tienen que ser los primeros en entrar en la casa del Padre. ¿Qué podría hacer para que estas palabras llegasen a sus destinatarios? (Servicio Biblico Latinoamericano).
Ayer estaba en la calle con dos hombres de ideología más bien anticatólica, que me pararon para hablar de temas sociales en relación con la Iglesia, y mientras una gitana se me acercó –como suelen hacer al ver un sacerdote- para pedir dinero, para dar de comer a sus niños. Le contesté que no daba dinero, pero que si querían los que me acompañaban mientras hablábamos íbamos a una tienda y allí le compraba comida. Así lo hicimos, yendo a un supermercado, y ella se fue feliz con su comida. Luego, me dijo uno de los contertulios: “nosotros hablamos mucho pero no hacemos estas cosas”, les contesté que podíamos vernos en la otra parte, en la piel de esa mujer, y que nos gustaría que nos ayudaran, y que a nosotros no nos costaba casi esfuerzo ayudar un poco, y que a ella le suponía mucho bien… estuvimos de acuerdo en tantas cosas de labor social que hace la Iglesia. Otro día me decía otra persona, en un autobús, que le daba mucha paz dar dinero a caritas porque el 100% de lo que daba iba a ayudar a la gente, que no se quedaba un tanto por ciento alto en gastos de organización, como pasa en muchas otras instituciones… También el otro día vimos un video de “la Iglesia y el sida” y nos quedamos impresionados. Y ante la crítica que hacen de por qué no participa la Iglesia más en prevención, contestaba un cardenal: al ver a los enfermos los curamos, es como si viéramos un herido de tráfico en carretera, no nos paramos a leerle el código de circulación, lo queremos curar en primer lugar… Señor, providencia de los pueblos y luz de las naciones, haznos comprender a todos que la vida es un don tuyo y que, aún en medio de las adversidades, eres Tú quien nos diriges atentamente con mociones, impulsos sobre nuestra conciencia, abierta a tu inspiración y gracia. Amén.
El adjetivo griego "jrestós" que Jesús aplica a su yugo, es el mismo que se usa en Luc. 5, 39 para calificar el vino añejo. De ahí que es más exacto traducirlo por "excelente", pues "llevadero" sólo da la idea de un mal menor, en tanto que Jesús nos ofrece un bien positivo, el bien más grande para nuestra felicidad un temporal, siempre que le creamos. El yugo es para la carne mala, mas no para el espíritu, al cual, por el contrario, Él le conquista la libertad (Jn 8,31s.; 2 Cor 3,17; Gal 2,4; Sant 2,12). Recordemos siempre esta divina fórmula, como una gran luz para nuestra vida espiritual. El Evangelio donde el Hijo nos da a conocer las maravillas del Eterno Padre, es un mensaje de amor, y no un simple código penal. El que lo conozca lo amará, es decir, no lo mirará ya como una obligación sino como un tesoro, y entonces sí que le será suave el yugo de Cristo, así como el avaro se sacrifica gustosamente por su oro, o como la esposa lo deja todo por seguir a aquel que ama. Jesús acentúa esta revelación en Juan 14, 23 s., al decir a San Judas Tadeo que quien lo ama observará su doctrina y el que no lo ama no guardará sus palabras. Tal es el sentido espiritual de las parábolas del tesoro escondido y de la perla preciosa (13,44 ss.). Del conocimiento viene el amor, esto es, la fe obra por la caridad (Gal 5 y 6). Y si no hay amor, aunque hubiera obras, no valdrían nada (1 Cor 13,1ss.). Todo precepto es ligero para el que ama, dice S. Agustín; amando, nada cuesta el trabajo: Ubi amatur, non laboratur.
Lluciá Pou Sabaté

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