jueves, 7 de julio de 2011

Viernes de la 14ª semana de Tiempo Ordinario: en la ida de José a Egipto vemos a Jesús que irá a Egipto, y a cada uno de nosotros que va por el camino


Viernes de la 14ª semana de Tiempo Ordinario: en la ida de José a Egipto vemos a Jesús que irá a Egipto, y a cada uno de nosotros que va por el camino de la vida acompañado por la mirada amorosa de Dios; y en el abrazo de Jacob y José vemos el encuentro que tenemos con Dios Padre que nos busca (que Jesús nos presenta en la parábola del hijo pródigo)

Lectura del libro del Génesis 46,1-7; 28-30. En aquellos días, Israel, con todo lo suyo, se puso en camino, llegó a Berseba y allí ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac. Dios le dijo a Israel en una visión de noche: -«Jacob, Jacob.» Respondió: -«Aquí estoy.» Dios le dijo: -«Yo soy Dios, el Dios de tu padre; no temas bajar a Egipto, porque allí te convertiré en un pueblo numeroso. Yo bajaré contigo a Egipto, y yo te haré subir; y José te cerrará los ojos.» Al salir Jacob de Berseba, los hijos de Israel hicieron montar a su padre, con los niños y las mujeres, en las carretas que el Faraón había enviado para transportarlos. Tomaron el ganado y las posesiones que habían adquirido en Canaán y emigraron a Egipto Jacob con todos sus descendientes, hijos y nietos, hijas y nietas, y todos los descendientes los llevó consigo a Egipto. Jacob despachó por delante a Judá, a visitar a José y a preparar el sitio en Gosén. Cuando llegaban a Gosén, José mandó preparar la carroza y se dirigió a Gosén a recibir a su padre. Al verlo, se le echó al cuello y lloró abrazado a él. Israel dijo a José: -«Ahora puedo morir, después de haberte visto en persona, que estás vivo.»

Salmo 36, 3-4, 18-19, 27-28, 39-40: R. El Señor es quien salva a los justos.

Confía en el Señor y haz el bien, habita tu tierra y practica la lealtad; sea el Señor tu delicia, y Él te dará lo que pide tu corazón.

El Señor vela por los días de los buenos, y su herencia durará siempre; no se agostarán en tiempo de sequía, en tiempo de hambre se saciarán.

Apártate del mal y haz el bien, y siempre tendrás una casa; porque el Señor ama la justicia y no abandona a sus fieles. Los inicuos son exterminados, la estirpe de los malvados se extinguirá.

El Señor es quien salva a los justos, Él es su alcázar en el peligro; el Señor los protege y los libra. Los libra de los malvados y los salva porque se acogen a Él.

Evangelio según san Mateo 10, 16-23. En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: -«Mirad que os mando como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas. Pero no os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán. Todos os odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará. Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra. Porque os aseguro que no terminaréis con las ciudades de Israel antes de que vuelva el Hijo del hombre.»

Comentario: 1.- Gn 46,1-7; 28-30. José, vendido como esclavo a los egipcios llegó a ser el primer visir del Faraón. Se dio a conocer a sus hermanos, venidos a mendigar trigo en unos años de hambre. Se lo perdonó todo y les pidió incluso que su padre Jacob se instalara en Egipto con toda su familia. Toda esta historia se contaba de boca en boca en Israel, antes de quedar escrita. Todo un pueblo se consolidaba así con los recuerdos comunes... que explicaban el curso de la historia de Israel. -Partió Jacob a Egipto con todo lo que poseía. Cuando llegó a Berseba ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac. Esos nómadas que se desplazan todavía mucho, no llegan nunca a una etapa importante sin «ofrecer un sacrificio». ¿Procuramos también señalar así las etapas de nuestras vidas ? -Dijo Dios a Jacob en visión nocturna: "¡Jacob! ¡Jacob!" Respondió: «¡Heme aquí!» Oírse llamado por su nombre. Contestar manifestando nuestra disponibilidad. Es el resumen exacto de la fe, que es respuesta a una llamada, Dios tiene la iniciativa, pero ¿sabemos responderle? La relación con Dios -por su parte- es siempre abierta, ofrecida gratuitamente. Pero, a veces, hacemos oídos sordos. Gracia y Libertad. Don de Dios aceptado o rechazado. HOY todavía me llama Dios por mi nombre. "Cada instante me aporta una llamada de Dios. ¿Cómo corresponderé a ella?" -"No temas bajar a Egipto, porque allí te haré una gran nación. Yo bajaré contigo a Egipto, Yo mismo te subiré también y José te cerrará los ojos." Es evidentemente una historia escrita a destiempo, cuando los hechos hubieron confirmado esa predicción. Pero no es necesario ver milagros en esas «visiones» y esas «profecías». Todo ello pudo suceder también de modo muy natural, algo así como nos pasa también a nosotros en algunas etapas importantes de nuestra vida en que «confiamos en Dios, confiando en el porvenir»: ¡esto es propiamente la esperanza! Señor, líbranos de la obsesión del miedo al futuro. «Bastará a cada día su trabajo», dirá Jesús. Hay que vivir al día. El porvenir está en manos del Padre. «Estoy contigo», decía el Señor a Jacob. ¿Creo yo profundamente que Dios está conmigo? -Y Jacob marchó a Egipto con toda su familia. Sabemos que no todo será color de rosa en esa aventura que empieza hoy. Pasados algunos siglos el viento de la historia habrá cambiado de rumbo y los descendientes de Jacob clamarán desde el fondo de su servidumbre (Éxodo 2, 23-24). Entonces será preciso que Dios vuelva a intervenir, esta vez por medio de Moisés, para sacar a su pueblo de la esclavitud. «Basta a cada día su trabajo.» De nada sirve vivir "ayer" o «mañana», hay que vivir «hoy». «El mañana se preocupará de sí mismo.» (Mateo 6, 34) -José salió al encuentro de su padre y viéndole se echó a su cuello, le abrazó y lloró largamente. En filigrana, tras las «historias» del Antiguo Testamento, se perfilan ya otras del Nuevo. José vendido por sus hermanos, a quienes salva luego, prefigura a Jesús. Los reencuentros del hijo con su padre, prefiguran la aventura de los hombres reconciliados con su Padre. Sigue la alegría al sufrimiento: es ya una cierta «pascua».

Dios tiene la iniciativa, pero ¿sabemos responderle? Cada instante nos aporta una llamada de Dios. Casi siempre hacemos oídos sordos. -"No temas bajar a Egipto. Porque allí te convertiré en un pueblo numeroso. Yo bajaré contigo a Egipto y yo te haré subir". Si confiamos en Dios, también confiamos en el porvenir. La fe y el miedo al futuro son incompatibles. Hay que vivir el presente. El porvenir está en manos del Padre (Noel Quesson).

2. El salmo nos invita, una vez más, a hacer el bien y a tener confianza en Dios, que nos sigue en todos nuestros «viajes» con cercanía de padre: «Confía en el Señor y haz el bien... el Señor vela por los días de los buenos... apártate del mal y haz el bien, porque el Señor ama la justicia y no abandona a sus fieles... el Señor es quien salva a los justos, los protege y los libra». Aquí se indica la raíz de la maldad de los impíos, de que habla en el salmo anterior (un justo acosado por parte de sus enemigos): la falta de temor de Dios (v. 2). Hay una reflexión sobre el poder y el éxito aparente que los impíos alcanzan en la vida, que han renunciado a obrar el bien y parece que les va bien, pero en realidad fracasan y se exhorta al justo a hacer el bien pues vale la pena –dice el maestro a su discípulo- tener paciencia y confianza en Dios, ante la prosperidad y éxito de los malvados (vv. 1-11), y va comparando cómo trata Dios a impíos y justos (vv.12-26), y da motivaciones para seguir los buenos consejos (vv.27-40): obrar bien, esperar en el Señor y fijarse en los justos: escuchamos aquí un eco de las palabras de Jesús que promete la tierra a los mansos de corazón, es decir a quienes confían en el Señor y no se irritan ante el actuar de los impíos. Dios hace partícipes de los bienes de su salvación –la tierra prometida- a aquellos que confían en Él y viven según sus mandatos, pero no a aquellos que usan la violencia y la injusticia para adueñarse de los bienes de la tierra.

En un mundo pluricultural y multirreligioso como el actual es especialmente importante esta sabiduría para no airarnos o responder con violencia ante concepciones anticristianas, ante los que obran el mal. Este salmo insiste en “no irritarse”, “tener sosiego”, “aguardar”… será el Señor quien hará triunfar la justicia y el derecho con la misma claridad con la que hace llegar la aurora o brillar el sol, quien dio la tierra prometida y hace participar de ella a quienes confían en Él.

“Heredar” la tierra nos sitúa en el contexto de la bienaventuranza tercera (Mt 5,5) que es equivalente a tener parte en el Reino de Dios, que Jesús nos ha traído a este mundo (Mt 12,28), al que pertenecen quienes confían en Dios y se mantienen fieles a Él sin perder la calma ante el aparente triunfo del mal. Los que obran el mal serán al final víctimas de su propia violencia y desaparecerán, quedando la tierra para los justos, que tendrán “larga vida”, y la posesión de la tierra, la herencia por siempre.

Por último, vivir con rectitud además de prosperidad es tener al Señor, que socorre en las circunstancias más adversas a quienes buscan refugio en Él (vv. 39-40). Al Reino de Dios pertenecen quienes confían totalmente en Dios y se mantienen fieles a Él sin perder la calma ante el aparente triunfo del mal (Biblia de Navarra). “Confiemos, hermanos y hermanas: sostenemos el combate del Dios vivo y lo ejercitamos en esta vida presente, con miras a obtener la corona en la vida futura. Ningún justo consigue enseguida la paga de sus esfuerzos, sino que tiene que esperarla pacientemente. Si Dios premiase enseguida a los justos, la piedad se convertiría en un negocio; daríamos la impresión de que queremos ser justos por amor al lucro y no por amor a la piedad. Por esto, los juicios divinos a veces nos hacen dudar y entorpecen nuestro espíritu, porque no vemos aún las cosas con claridad” (Homilía anónima del s. II). Se me ocurre que en la ida de José a Egipto vemos a Jesús que irá a Egipto, y a cada uno de nosotros que va por el camino de la vida acompañado por la mirada amorosa de Dios; y que en el abrazo de Jacob y José vemos el encuentro que tenemos con Dios Padre que nos busca (que Jesús nos presenta en la parábola del hijo pródigo)

3. Mt 10, 16-23. Jesús recuerda que la lucha del discípulo contra el mal está en desventaja: "Os envío como ovejas en medio de lobos". El discípulo es pobre y está inerme; sólo es rico en fe en la validez de su anuncio. La misión exige un ambiente de debilidad; pero la debilidad la colma la presencia del Señor (28,20). Parece que Dios exige un ambiente de debilidad para forzar al discípulo a la fe y para quitarle, a él y a los demás, cualquier ilusión: es Dios el que obra; no los hombres. Pero la debilidad no es presunción, ligereza, superficialidad e ingenuidad. Simples y prudentes, son las palabras de Cristo. La simplicidad, o sencillez, es lealtad, transparencia, confianza en la verdad y, por tanto, rechazo de cualquier subterfugio y de todo medio de violencia, la prudencia es la capacidad (y la humildad) de valorar las situaciones concretas. Pero se trata siempre, por supuesto, de la prudencia de Cristo, no de la prudencia del mundo, basada en cálculos cínicos, diplomacia y compromisos, siempre en busca de una salvación propia (Bruno Maggioni).

-Mirad que Yo os mando como ovejas entre lobos. Los apóstoles están bien advertidos: parecen entregados, mansos y sin defensa -ovejas-, a la brutalidad y a la fuerza de sus adversarios -lobos-. El Reino de Dios se revela en la debilidad de Jesús y de sus mensajeros. San Pablo dirá también que "la fortaleza de Dios encuentra su cumplimiento en la debilidad" (2 Cor 12,9). Toda la historia de la Iglesia confirma esta verdad. Son los pequeños y los humildes los que han hecho las mayores obras. Bernardita Soubirous era la más débil en Lourdes cuando Dios la escogió para que transmitiera el mensaje de la Virgen. ¿Creo verdaderamente que la fuerza de Dios es capaz de hacer grandes cosas en mi debilidad. -Sed cautos como serpientes e ingenuos como palomas. Jesús toma sus comparaciones del mundo animal. Anuncia la persecución a sus apóstoles, pero les pide que no se expongan inoportunamente: Jesús nos pide que seamos "cautos", es decir inteligentes, hábiles, finos, como serpientes... Sin embargo hemos de conservar la "ingenuidad" es decir la "candidez", la simplicidad, sin disimulo, sin segunda intención, como palomas... Es preciso que se perciba que los mensajeros del evangelio sólo se ocupan de Dios y no buscan su propio provecho.

-Os llevarán a los tribunales... os conducirán ante gobernadores y reyes por mi causa, así daréis testimonio ante ellos. Jesús no esconde la verdad a sus apóstoles: el evangelio provoca, a veces, la oposición y la persecución. Esto no espanta a Jesús. Nos pide que nos mantengamos valientes, como Él. Él mismo fue acusado ante el tribunal de Pilato.

-No os preocupéis por lo que vais a decir; será el Espíritu de vuestro Padre quien hable por medio de vosotros. Los apóstoles no han de inquietarse. No han de contar sólo con su propia inteligencia para encontrar las palabras oportunas: se encuentra "en ellos" el espíritu de Dios, que "habita en nuestros corazones". Permanezco un rato en silencio para pensar en este Espíritu que habita "en mí"... Ayúdanos, Señor, a escucharte y a ser dóciles.

-Todos os odiarán por causa mía; pero quien resista hasta el final, se salvará. La oposición y la persecución vienen, a veces, de la propia familia: "un hermano entregará a su hermano y un padre a su hijo..." El odio puede nacer en todas partes. Jesús nos sugiere una sola solución: ¡"aguantar"! ¡permanecer fieles! Conservar la firmeza y el valor, contra toda decepción, contra toda oposición y contra todo fracaso. Lo que cuenta es la salvación eterna, "salvarse"... y saber que Jesús está con nosotros.

-"Os aseguro que no... antes de que vuelva el Hijo del hombre." Jesús nos promete que "viene", que le veremos, que viviremos con Él. En la oscuridad del fracaso estamos seguros de esto: Jesús vendrá con toda certeza y salvará a los suyos. “No te prometo que serás dichosa en este mundo sino en el otro”, decía María a Santa Bernardita (Noel Quesson).

Cuando Mateo escribió su evangelio, la comunidad cristiana ya sabía mucho de persecuciones y excomuniones y hasta de martirios. El Libro de los Hechos nos lo atestigua abundantemente. Basta recordar el martirio de Santiago y Esteban, así como la historia de los dos grandes héroes de la primera generación, Pedro y Pablo. A lo largo de la historia, la comunidad de Cristo ha seguido padeciendo problemas internos y externos. Ya se lo había avisado Jesús. También en el mundo de hoy, anunciar el evangelio nos expone a malentendidos y reacciones contrarias. El martirio -el testimonio hasta la muerte- sigue siendo actual. Se repiten los casos, sobre todo en países de misión, o allí donde cristianos valientes denuncian atropellos e injusticias. Pero esto no nos tiene que desanimar, ni hacernos cejar en nuestro empeño evangelizador. «Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra». Lo importante es seguir anunciando a todos el amor de Dios. Si no es de un modo, será de otro. Si estamos convencidos nosotros mismos de que la salvación está en Cristo y en el estilo de vida que nos propone, ya encontraremos el lugar y el modo de comunicarla a los demás. Con prudencia y, al mismo tiempo, con sencillez. Ayudados por el Espíritu de Dios. Tenemos trabajo hasta el fin del mundo, hasta la vuelta del Señor. Y «el que persevere hasta el final, se salvará» (J. Aldazábal).

LLuciÁ Pou Sabaté

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